HUMOR Y ENTRETENIMIENTO - Yo nom’as digo

Alegres expectativas; pero tristes realidades!

Por un tal Luis Ruiz

 

 

Qué pasooó razaaa!, cómo están mis tuerkitas cromaditas y mis tornillitos oxidaditos (eso es pa’que rime, ok?) Espero se la estén pasando de pelos tiesos.
 
 Pues hoy no habrá chistorete, sino que les voy a echar una larga, bueno, más o menos larga, pero muy motivadora,,,, historia, de lo que le pasó a una dama que a toda costa quería bajar de peso... y aquí empiezo! 
 
 La señora a que me refiero, mujer de exuberantes carnes y abundantes donas corpóreas -ay, güey!, me eché la dominguera-; mmmh!, esto en mi lenguaje sería: vieja gorda y lonjuda, -je!, je!, sorry por la rudeza-; en fin.
Decía yo, que la honorable señora, en su afán de bajar de peso, se emocionó cuando en una revista (creo que no era El Aviso) leyó un anuncio que decía: “Adelgace con Placer” 
 
 Se anunciaban ahí, 3 paquetes:
Con el # 1  se perdían 10 libras en cinco días.
Con el # 2 se perdían 20 libras en tres días.
Con el # 3 se perdían ¡30 libras en un día! (pero aclaraba que éste era sólo para profesionales)
 
Como era de esperarse, la mujer rápido se comunicó a la empresa para probar la última moda para adelgazar, y pidió el paquete número 1.
 
Al día siguiente tocaron a su puerta y al abrir encontró a un joven con un cuerpazo tipo Arnold Muchasletras (como cuando era joven, claro), en short deportivo ajustado que dejaba ver todo su equipo de trabajo, ah!, pero con zapatitos deportivos y un letrero que decía: “Si me alcanzas: SOY TUYO”.
 
La mujer se puso a corretearlo como desesperada por toda la colonia hasta que lo alcanzó e hicieron lo que tenían que hacer. 
 
Y así durante cinco días.
 
Al pasar los cinco días, la mujer se pesó y sí, había bajado 10 libras. 
 
Emocionada, habló otra vez a la compañía y dijo: Señorita, deseo que me envíe el paquete # 2 bajar 20 libras en tres días!
 “¿Está segura señora?... No es apto para amateurs ni para cardiacos”.
“Sí, señorita. Estoy segura”.
 
Al día siguiente, en la madrugada, tocaron a su puerta y al abrir se encontró a un tipo escultural tipo Brad Pitt totalmente desnudo, excepto por sus zapatitos deportivos y un letrero que decía: “Si me alcanzas, SOY TUYO”.
La mujer lo correteó por toda la ciudad  hasta que lo alcanzó e hicieron el amor como locos.  Y a los tres días... ¡20 libras menos!
Entonces, la mujer decidió pedir el paquete 3 para profesionales.. 30 libras de un jalón!
Al día siguiente tocaron a su puerta y la mujer, vestida muy sexy y lista para la acción, abrió la puerta y... se encontró con un hombre, tipooo, digamos que tipo, Changoleón con zapatitos deportivos y un letrero que decía:
 
“¡Si te alcanzo, te daré un besote apasionado de lengüita y serás mía!!!!
 (quieres ver quién era el de la foto?)...  aah!, pos sigue leyendo en la pag. 78
--- este es Changoleón... je!, je!, y de que te hace correr, te hace correr... digo, a no ser que quieras que te de un beso de lengüita!, pero lo bueno es que así bajarás de peso a güeeefoo!
  je, je, je...!
 
 Pero bueno, hablando de cosas más serias, no sé si les ha sucedido algo parecido a la señora del cuento anterior; que a veces uno no se conforma con lo que obtiene y quiere más y más; como cuando vas al casino y ganas 100 dólares. Sigues jugando para ver si ganas 200 y si vuelves a ganar, sigues y sigues... hasta que te despelucan todo (y no propiamente como a mí) y quedas como el chinito... no’más milando! 
Pues algo parecido me pasó cuando jui a la feria del libro. Resulta que me apersoné en el Convention Centar de L. A., muy baña’o, peina’o y perjuma’o. Yo llevaba varias y buenas expectativas... Una, era comprar unos cuantos libros, que de seguro van a estar baratos -pensé-. 
 
Dos, encontrar alguna casa editora que me promoviera mi libro. De seguro al menos 2 ó 3 se van a pelear porque les dé ese negociazo -imaginé- y 
Tres, en una de esas, me encuentro una intelectual riquilla que me quite lo corriente y burro y me saque de trabajar -me ilusioné-.  Pero, saben queeé?
 
  Que los libros estaban rete caros. Que las _ingadas casas editoras, sino imprimen ellas tu libro, no les interesa promocionarlo y pa’ colmo, las pocas damas -no tan chavas- que andaban por ahí, como que me sacaban la vuelta... ha de haber sido, porque me eché harto perjume, y pos más que oler bonito, apestaba!, je, je... O sea, me formé ilusas y falsas expectativas, que terminaron en tristes realidades. 
 
  Pero no sólo yo, sino también quienes vinieron a vender se formaron grandes expectativas. Vi algunos puestos que tenían alteros y alteros de libros (pensaron que se iban a vender como pan caliente), pero nones; y eso que jui casi al último. Y también imaginaron que aquí teníamos todo el dinero del mundo, porque estaban algo caritos los libritos.
 
  Y como eso, en otras cosas, seguido nos formamos alegres, pero falsas expectativas... Porque a quién no le ha pasado, por ejemplo, que lo invitan a una fiesta, dizque será bien pipiris nais. ¿Y qué haces?... Po’s vas y te cortas el pelo (si tienes) te bañas bien, te pones tus mejores garritas, te perjumas con brut 33 o con oil spice, y a la mera hora, resulta que la fiesta esta aburrida y la gente toda aguada, y pa’colmo, ni buen chupe tienen... ah!, que ‘dece i ción’
 
 Y qué me dicen de lo que vemos y luego compramos en la tele o en el internet, que los aparatos son más chiquitos de lo que pensamos y que se descomponen fácilmente. Que los menjurjes no hacen desaparecer las arrugas de las señoras, ni las lonjas. Que el lapicito, no se vuelve enorme ni dura uno una eternidad en el cuchiplancheo, etc., etc.
 
 Por eso, a mis 4 ó 5 leitores les recomiendo que no exageren en sus expectativas, que sean lógicos en lo que esperan pa’que a la mera hora no se vayan a dece i cionar o, en el pior de los casos, vayan a acabar como la señora del cuento, corriendo pa’safarse de alguien o de algo que no esperaban...
 
 
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