HUMOR Y ENTRETENIMIENTO - Yo nom’as digo

Una experiencia en las alturas!

Por un tal Luis Ruiz

Quiiiúúbo, quiuubo!, quiubo!... como están mis cuadernos de doble raya, ¿bien?... Y esos ‘hooojas sueltas’, ¿qué dicen?  Espero que se la estén pasando a todísima progenitora (vulgo ‘amá)...
 Y como cada semana, hoy empiezo este dizque artículo, con un chistorete sangrón; se llama: “Espejo Gallego” Ojalá les guste y nadie se ofenda, pues es sólo pa’ reírnos un poco.


 Se cuenta que iba un gallego por la calle, cuando de repente se encuentra un espejito de cartera; curioso lo levantó, se miró y exclamó: Coño... ¡Yo a ese tipo lo conozco! Y se lo guardó en el bolsillo del pantalón. De regreso a su casa, volvió a mirarse en el espejito y volvió a repetir: ¡Joder! ¿De dónde conozco yo a este tipo....?


 Al entrar a su casa, guardó el espejito en el bolsillo del pantalón y luego se sentó a la mesa del comedor... Y mientras la Maripepa le servía la comida, el gallego volvió a mirarse en el espejito... ¡Ostia!, definitivamente yo a ese tipo lo he mira’o en algún lao’... rediezs!!! creo que es el que se corta el pelo en frente mío.


 Curiosa, -como toda mujer, aunque sea gallega-, la Maripepa le pregunta:  Oye, Manolo... ¿qué tienes en la mano?
 Nada importante, mujer!. Y guardó nuevamente el espejito en el bolsillo del pantalón.


 Una vez terminada la cena el gallego se fue a dormir, dejando el pantalón sobre la silla. Pero la esposa había quedado intrigada, -como toda mujer- así que una vez dormido su esposo, se acercó a la silla
y sacó el espejito del bolsillo, se miró en él mismo  y molesta exclamó: ¡Ajáaa... Lo sabía!. ¡Una foto de mujer...! ¡¡Y qué cara de piruja tiene!!


 Ja!, ja!, ... disculpen ustedes, pero así va el chiste, po’s que quieren!!!


 Y no están ustedes pa’saberlo, ni yo pa’contárselos, pero a mi me pasó algo más o menos igual que al Manolo, cuando entre al bañito de un avión y en cuento abrí la puerta, zas!, un espejo enfrente; -ay! en la moder -exclamé al verme- y ... pero mejor empiezo por el principio, como debe ser, a platicarles como estuvo mi “Experiencia en las alturas”.


 Resulta que hace un tiempo, el patrón nos invitó a que fuéramos a la Convención Nacional de Publicaciones Hispanas, que sería en McAllen, TX. Cuando llegó el día, -hace dos semanas- nervioso pero emocionado, pues pensaba relacionarme con los k-ks grandes del periodismo, muy temprano me apersoné en el aigropuerto, y en cuanto me registré, ¡zas!, empezó la aventura... Son $15 dólares por la primer maleta y 25 por la segunda!,.. Queeeé!!! -me atraganté-.


 Afortunadamente mi patrón rápido sacó su tarjeta y pagó. Pero mientras esperaba mi pase de abordar, pensaba: “Al paso que vamos, pronto estos güeyes nos van a decir que sólo tenemos derecho a llevar un desodorante, un rastrillo, cepillo de dientes, un cambio de ropa y dos calzoncillos.... ¡qué poca!!!


 Por fin abordamos el avión y localizamos nuestros asientos. Casualmente me tocó en medio, justo entre un g-g (gringo-gordo) y un chiquillo.... Llegó la hora de despegar, nos abrochamos los cinturones y a volar!...


 Al poco rato, vienen las azagatas, muy uniformaditas -más rucas que yo, pero eso sí, muy elegantes- con su carrito ofreciendo una hamburguesa. Luego otra vez con su carrito vienen, ofreciendo bebidas... Cuando acabé de enguir la raquítica hamburguesa y el vasito de coca cola, quise dormir un rato, pero entre el chiquillo inquieto y el gordito, me tenían como pasajero del metro en hora pico. Y casi sin poder moverme y sin tener nada mejor que hacer, en silencio empecé a hacerme preguntas indejas, por ejemplo: ¿Para qué estudian las azafatas? ¿Será muy difícil servir comidas y bebidas volando?- digo, en un avión; ¿Aparte de eso y dar instrucciones con la mascarilla, harán algo más?... Y como obviamente no encontré respuestas, pues mi peloncita siguió dando vueltas:  ¿Para qué sirven los cinturones de seguridad?. ¿Si se llegara a caer esta madre (el avión), el cinturón me protegerá de una caída de veinte mil metros de altura... como el de la canción que se cayó de la nube ‘onde andaba? ¿Para qué le sirve la gorrita al capitán?... y más.


 Para ese entonces ya llevábamos casi tres horas de vuelo, y en esos inches asientos tan angostitos y tan duros, po’s la neta, que ya ni sentía la rayita, parecía que se me había borrado. Quise leer y no pude. Cerré los ojos para dormir y tampoco pude, así que seguí quitecito, para no ensuciarle las suelas de los zapatos al niño con mi pantalón y no molestar al g-g... Ja!, -pensé- y todavía las aerolíneas dan como premio, por mucho viajar otro viaje,,, como si viajar así fuera un placer.... ¡qué poca!!!


 Ante tal incomodidad, no me quedó de otra que levantarme al baño, que a propósito, en los aviones se llama “lavatorio” -chistoso nombre, ¡eh!- y en cuanto abro, ¡ay!, en la moder, ahí estaba yo --bueno era un espejito- y mientras evacuaba la vejiga, no pude evitar preguntarme: ¿Será cierto que hacer el amor en el baño de un avión es tan excitante como dicen muchos?... Pero en este bañito tan chiquito ¿cómo carajos se meten dos... y en que posición lo hacen?... Si eso es cierto, me cai que se merecen un premio; ¿pero saben qué?... no les creo, pa’ mí esos que aseguran haberlo hecho así, o lo han soñado, o de plano son unos __inches mentirosos y habladores... 

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