



| Exiliados de los hijos |
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| Un momento para reflexionar |
| Lunes 09 de Enero de 2012 12:17 |
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Hay un período en que los padres extrañan a aquellos ‘chamacos’, gritones y traviesos y se sienten como... Por lo general cuando una persona se convierte en padre o madre le cuesta aceptar que en esta vida los hijos solo están prestados temporalmente, para criarlos, educarlos y darles amor. Los niños crecen independientes de nosotros. Crecen sin pedir permiso a la vida... Crecen con alegría, y a veces, con mucha arrogancia. Pero no crecen todos los días de igual manera. Crecen de repente. Un día se sientan cerca de ti en la terraza y dicen alguna frase con tal madurez que te sientes que ya no puedes cambiarle más los pañales a ese niño. ¿Cuándo creció mi pequeño que no me di cuenta? El niño está creciendo en un ritual de obediencia orgánica y desobediencia civil… Allí están muchos padres al volant Esos son los hijos que conseguimos engendrar y amar. Y ellos crecen medio amaestrados, observando y aprendiendo con nuestros aciertos y errores. Principalmente con los errores que esperamos que ellos no repitan. Y ahí empieza el periodo en que los padres van quedando huérfanos de sus propios hijos. Ya no los esperaremos más en las puertas de la disco o en las fiestas. Pasó el tiempo del Ballet, de la natación y del Judo. Saldrán del asiento de atrás y pasarán al volante de sus propias vidas. Creemos que debimos haber ido más a su cama en la noche. Para escuchar su alma respirando, conversaciones y confidencias entre sábanas de infancia. Y los adolescentes cobertores de aquel dormitorio lleno de adhesivos, posters, agendas coloridas y discos ensordecedores. No los llevamos lo suficiente al parque. No les dimos suficientes sándwiches. No les compramos todos los helados y ropas que hubiéramos querido comprarles. Al principio iban con nosotros donde fueran para la Navidad, vacaciones, a la piscina y con amigos. Si, había grandes peleas dentro del auto por quien va en la ventana, los pedidos de chicles y las canciones sin fin. Después llegó el tiempo en que viajar con los padres comenzó a ser un esfuerzo, un sufrimiento, era muy difícil separarse de los amigos y los primeros novios. Los padres quedaron exiliados de los hijos. Tienen la tranquilidad que siempre soñaron, pero, de repente morían de tristeza al extrañan a esos “chamacos”. Y llega el momento en que solo nos queda quedarnos lejos y rezando mucho por ellos. Queda esperar: Que en cualquier momento nos dan nietos. Por eso los abuelos son tan desmesurados con las expresiones de cariño. Los nietos son la última oportunidad de re-editar los afectos. Por eso es necesario hacer alguna cosa más, antes de que crezcan. Aprendemos a ser hijos después que somos padres…” Porque “Solo aprendemos a ser padres después que somos abuelos…” Los hijos crecen demasiado rápido, disfrutemos cada momento, y compartamos con ellos todo lo más que podamos, para no lamentar luego lo rápido que han crecido. |
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