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Ha surgido una nueva esperanza para curar a pacientes con ciertos tipos de cáncer. Todo gracias al reciente descubrimiento del científico mexicano, Jorge Torres. El experto, que es profesor de bioquímica en el Centro Johnsson de Investigaciones contra el cáncer de la UCLA, logró identificar una proteína que podría ayudar a desaparecer los tumores, sin dañar el tejido sano. De acuerdo con Torres, al erradicar (eliminar) la proteína STARD9, vital para la reproducción de células cancerígenas, éstas se desintegran. La diferencia de esta proteína con las drogas que existen actualmente para tratar el cáncer, es que estos fármacos “solamente castigan las células cancerosas; pero éstas no mueren”, explicó el investigador. “En nuestros experimentos observamos (con microscopio) que con la supresión de proteínas que sirven para la multiplicación de células del cáncer, paran de dividirse y al poco tiempo se desintegran”, explicó. Estos hallazgos abren la posibilidad de desarrollar “un tratamiento efectivo contra los cánceres de pulmón, de colon y el cáncer de seno, entre otros”, según explica el mismo científico.
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Dos pacientes que sufrían degeneración macular han logrado mejora en la visión después de recibir un implante derivado de células madres de embriones. Para los científicos a cargo del estudio, estos resultados demuestran que la técnica es segura.
La técnica llevada a cabo por la empresa de biotecnología Advanced Cell Technology (ACT), tenía como objetivo demostrar que es seguro en seres humanos, y saber si la tecnología realmente es efectiva en la curación de enfermedades oculares, como la degeneración macular.
La técnica de ACT, probada por los investigadores del Instituto del Ojo Jules Stein en la Universidad de California, involucra extraer células inmaduras de un embrión humano las cuales se manipulan en el laboratorio para desarrollar células del epitelio pigmentario retinal (EPR), la capa de células en el exterior de la retina.
El deterioro de las células del EPR puede conducir a daños en la mácula, la parte central de la retina, y a la pérdida de la visión central.
El Procedimiento
Una de las mujeres, de 70 años, sufría degeneración macular seca, una de las principales causas de ceguera en el mundo, y la otra, en sus 50 años, tenía enfermedad de Stargardt, otra forma de degeneración macular y una de las principales causas de pérdida de visión en jóvenes y adolescentes.
Cada una de las pacientes recibió una inyección que contenía unas 50,000 células de EPR suministrada bajo la retina de uno de sus ojos.
Después de la cirugía, la evidencia estructural confirmó que las células se habían adherido a la membrana ocular, como se deseaba, y continuaron sobreviviendo durante 16 semanas del estudio.
Además, dicen los científicos, el procedimiento mostró ser seguro, ya que no se observaron signos de rechazo o crecimiento celular anormal.
“A pesar de la naturaleza progresiva de estas enfermedades, la visión de ambas pacientes pareció mejorar después del trasplante de las células, incluso en los dosis más bajas” expresa el doctor Robert Lanza, jefe científico de ACT y uno de los autores del estudio.
“Esto es particularmente importante, ya que el objetivo final de esta terapia será poder tratar a los pacientes en las primeras etapas de la enfermedad, para potencialmente incrementar la probabilidad de un rescate del fotoreceptor y la visión central” agrega.
Por su parte, el doctor Disko Illic, profesor de ciencia de células madre en el King’s College de Londres, afirma que éstos son resultados preliminares y no necesariamente podrían llevar a un tratamiento viable.
“La prioridad número uno de un ensayo clínico inicial es siempre la seguridad del paciente”, dice el científico.
El avance, sin embargo, es importante en el campo de terapias de células madre embrionarias que hasta ahora no ha podido lograr frutos.
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Investigadores de la Universidad de California (USC) en San Francisco, descubrieron que el cerebro de los bebedores excesivos es particularmente receptivo a los compuestos que provocan la sensación de placer y recompensa tras ingerir alcohol. Este hallazgo, afirman los científicos, podría conducir a nuevas herramientas para tratar el abuso de alcohol. Se sabe que el alcoholismo es un trastorno causado por factores tanto biológicos como psicológicos. Más endorfinas, más placer Igual que otras sustancias adictivas, como la cocaína y las anfetaminas, el consumo de alcohol provoca la liberación de endorfinas, unos compuestos químicos opioides que se adhieren a receptores en los centros de recompensa del cerebro provocando la sensación de placer que produce el alcohol. Lo que hasta ahora se desconocía, sin embargo, son los mecanismos que subyacen a este proceso de consumo y recompensa, y por qué algunas personas sienten la necesidad de seguir bebiendo y otras no. Estudios en el pasado llevados a cabo con animales han mostrado que el abuso del alcohol produce cambios químicos en el cerebro que incrementan la tolerancia y, por consiguiente, la dependencia. Para investigarlo, la doctora Jennifer Mitchell y su equipo sometieron a un grupo de 25 individuos -13 bebedores excesivos y 12 no bebedores- a escáneres cerebrales de tomografías PET (por emisión de positrones). “Esto es algo que hemos especulado durante cerca de 30 años, basados en estudios con animales, pero hasta ahora no habíamos podido observarlo en humanos. Y nos ofrece la primera evidencia directa de cómo el alcohol hace a la gente sentirse bien” Las imágenes fueron tomadas antes y después de que ambos grupos de individuos consumieran una bebida alcohólica. Los resultados mostraron que el consumo de la bebida alcohólica provocaba, tanto en los bebedores como en los no bebedores, la liberación de endorfinas en dos regiones particulares del cerebro: el núcleo accumbens y la corteza orbitofrontal. Esto revela, afirman los autores, que independientemente de cuánto beba una persona, el consumo de alcohol produce la liberación de endorfinas en esas dos regiones cerebrales. Observaron que cuantas más endorfinas se liberaban en el núcleo accumbens, mayor era el sentimiento de placer del individuo, tanto bebedor como no bebedor. Sin embargo, cuantas más endorfinas se liberaban en la corteza orbitofrontal, mayor era el sentimiento de intoxicación que experimentaban los bebedores excesivos... Pero esto no lo experimentaban los no bebedores. La investigadora sostiene: “Esto nos ofrece la primera evidencia directa de cómo el alcohol hace a la gente sentirse bien, lo cual, nos puede ayudar a encontrar a futuro, la forma de neutralizar esta sensación”.
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Según científicos europeos de las Universidades de, Lille en Francia y Lausana, en Austria, la delgadez extrema tiene su origen en un exceso de material genético. En su investigación, el equipo de expertos descubrió que las personas que tienen tres copias en la región del cromosoma 16 “presentan una delgadez importante o extrema”, informó el Centro Nacional de Investigaciones Científicas de Francia (CNRS).
“Los pacientes adultos portadores de esa duplicación en esa parte del cromosoma 16 -que tiene 28 genes- presentan hasta 20 veces más riesgo” de que su peso esté por debajo de la media de la población general, definida por un índice de masa corporal inferior a 18.5.
Los investigadores indican que esto se debe a que los genes en exceso en esa región “aumentan la sensación de ansiedad”.
Por ello, entre los niños, la mitad de quienes tienen esa característica tiene un peso inferior a la media y problemas para alimentarse, destaca el CNRS. Se trata de la primera vez que se identifica una causa genética en la delgadez patológica, a la que se asocia “una mortalidad elevada”, gracias a una investigación desarrollada sobre 100,000 personas entre las que se identificó a 138 portadores de la mutación.
Otro equipo de investigadores ya había descubierto que el hecho de tener una copia de más de ese cromosoma podía ser la causa del uno por ciento de los casos de “obesidad severa”.
“Una región en el brazo corto del cromosoma 16 es conocida por estar a veces sujeta a las fluctuaciones en el número de copias de sus genes”, agregan los investigadores.
Aunque la gran mayoría de los individuos poseen dos copias de cada gen en esta región, uno transmitido por la madre y otro del padre, uno de cada 2,500 tiene solo una copia y uno de cada 2,000 tiene tres.
Tener uno o tres cromosomas en una región, en vez de dos, “puede conducir a un efecto espejo” que provoque que el afectado tenga un peso superior o inferior al normal, aunque los científicos “ignoran por ahora los mecanismos que originan esas características físicas”.
El próximo paso en la investigación será identificar cuáles de los 28 genes del cromosoma 16 son responsables de esos efectos en el apetito y en el peso.
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