CULTURA GENERAL - Plantas/ Medioambiente

El Roble

De aspecto majestuoso

 Si de árboles majestuosos hay que hablar, el Roble es el indicado. Su tronco robusto, denso follaje verde y altura, le dan un porte distintivo, majestuoso.

 Es un árbol caducifolio que pertenece a la familia de las Fagáceas, misma a la que pertenece la encina y el alcornoque. Según las distintas especies, puede alcanzar hasta los 45 metros de altura y tiene una copa de gran anchura.

 El roble se caracteriza por su sabroso fruto que es la bellota. Suele crecer en zonas húmedas y templadas. Su madera es dura, resistente y pesada.
Las flores femeninas aparecen en grupos más reducidos y su base está rodeada de pequeñas escamas que, con el tiempo, recobrarán una consistencia leñosa, se soldarán unas a otras y formarán la caperuza típica de la bellota.
El roble vive muchos años y sólo cuando sus raíces son insuficientes para su alimentación o su espesa copa no permite que todas las hojas reciban la cantidad de sol necesaria va envejeciendo lentamente y acaba por morir.

      Las propiedades terapéuticas del roble
  La flor de este árbol es una de las 38 flores del Sistema de Curación del Dr. Edward Bach. Oak. Es beneficioso en situaciones de estrés por agotamiento, en contracturas de hombros y cuello por exceso de trabajo. En general es bueno para todas aquellas personas que creen que “siempre pueden más” y que continuamente se exigen a sí mismas más de lo que sus fuerzas pueden soportar.

 También ayuda a los pacientes a recuperarse en enfermedades de larga duración, cuando a pesar de sus esfuerzos, la persona se agota frente a continuos tratamientos. En fitoterapia se utiliza la corteza del roble, que tiene propiedades astringentes, antisépticas, antiinflamatorias y hemostáticas, gracias a su riqueza en taninos y flavonoides.

          Símbolo de fuerza y belleza
  Entre los griegos, el roble era el símbolo de la fuerza. Según los celtas, la ‘clava’, bastón toscamente labrado de Hércules, era de madera de roble.

  En Grecia, cerca de Dórdona, capital del antiguo Epiro, había un bosque de robles donde se alzaba un templo dedicado a Júpiter. El murmullo de las hojas era, según los arúspices, la voz del padre de los dioses.

  Por todo ello se comprende que sea el roble un símbolo de fortaleza y belleza. 

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