Salir a dar un paseo ayuda a liberar el estrés y a hacer un poco de ejercicio, el cual es de gran beneficio para la salud física. Pero, según un reciente estudio, caminar tiene un beneficio mejor: el de conservar la memoria en edades avanzadas y prevenir trastornos como el Alzheimer y otras clases de demencia. La investigación, encontró que las personas mayores de 65 años que caminan al menos unas seis millas a la semana presentan un menor porcentaje de atrofia cerebral, además de una menor tasa tanto de demencias graves como de trastornos cognitivos leves.
Los autores del estudio, en
cabezados por Kirk Erikson, de la Universidad de Pittsburgh (EEUU), siguieron la evolución de 299 voluntarios durante 13 años. Ninguno de ellos padecía problemas neurológicos al comenzar la investigación. Pero, pasado este tiempo, 64 habían desarrollado algún tipo de demencia y 52 presentaban un deterioro cognitivo leve. El cerebro se atrofia con los años El tejido cerebral se deteriora con la edad y el volumen de la materia gris se va reduciendo. La pérdida de las capacidades cognitivas suele ir acompañada de atrofia cerebral. Según el nuevo estudio, los voluntarios que no desarrollaron demencias caminaban más y habían perdido, por regla general, menos volumen en los lóbulos temporal y prefontal, incluidas regiones relacionadas con la memoria y la demencia, como el hipocampo y la corteza endorrinal.
El efecto benéfico sólo es detectable estadísticamente cuando se considera a las personas que caminan “distancias relativamente grandes”, advierten los autores. En concreto, entre 6 y 10 millas a la semana. En todo caso, los investigadores reconocen que su estudio presenta varios problemas, empezando por uno evidente: “Queda la posibilidad de que andar menos sea resultado de una salud endeble”, la cual aumentaría, a su vez, las posibilidades de perder volumen cerebral y desarrollar demencias.
Los resultados de este estudio coinciden con los de otras investigaciones anteriores y las recomendaciones de los expertos: “El ejercicio físico segrega serotonina y otros neurotransmisores que protegen al cerebro”, comenta Juan Antonio Hernández Tamames, director del laboratorio de Neuroimagen de la Fundación Reina Sofía-Fundación CIEN.
“Todo lo que es bueno para el corazón, es bueno para el cerebro”, dice este especialista, quien recuerda que cuidar el sistema cardiovascular beneficia tanto al riego sanguíneo como al del cerebro, lo que consigue “que las neuronas estén bien alimentadas”.
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