Tópìcos familiares

Crecer 'junto' con ellos... no contra ellos

Para poder educar a sus hijos, aparte de escucharlos, motivarlos y entenderlos hay que...

  Es natural que como padres querramos darle lo mejor a nuestros hijos; la mejor educación, darles todo el amor, el cariño e incluso las cosas materiales que esten a nuestro alcance y que muchas de ellas nosotros no tuvimos, es suma, nuestro mayor interes es que sean felices y sean exitosos cuando crescan. Pero a pesar de todos esos esfuerzos, muchas veces sentimos que no lo estamos haciendo bien, que algo está fallando. Si hay algo difícil en la vida de un padre, es tratar de entender a sus hijos, sobre cuando son adolescentes, que es cuando se vuelven rebeldes, uraños y muchas veces irracibles; sin embargo muchas de las quejas en ese aspecto están mal fundamentadas, ya que en realidad, los padres deben ir adaptándose a los cambios de los hijos en todas las etapas de la vida de estos, desde la más tierna infancia y hasta la juventud e incluso la madurez, pero sobre todo, en la edad más compleja del ser humano que es, como ya mencionamos, la adolescencia. 

  Durante todo ese recorrido, hay que crecer “junto con ellos”, y parte de ese crecimiento es hablar dialogar y no poner obstáculos en el camino de su crecimiento. 

  Así como cada persona es diferente, así también cada padre lo es, sin embargo con cada cambio durante el crecimiento de los chicos, hay acompañado, una adaptación de los padres que muchas veces se pueden transformar en crisis duras de traspasar si no se está preparado para ellas.

  El noviazgo, el desprendimiento, el matrimonio, el encuentro, los hijos, la adolescencia, el reencuentro o “Nido vacío” y la vejez, son las etapas por las cuales las personas pasan inevitablemente. 

  Las cuatro primeras son para que la pareja se una y se conozca más profundamente; después viene el planear y desear los hijos que quieren tener y es la decisión de cada pareja. Así empiezan a tenerlos con la distancia que quieren y así van viviendo cada momento del crecimiento de ellos; como su primera sonrisa, sus primeras palabras, sus pasitos, el avisar que quieren ir al baño, desprenderse de su madre para ir a la escuela, sus dibujos y líneas, bailables, y vestirlos como los padres quieren; así como darles de comer lo que les nutra. 

  Uno de los cambios inevitables que la pareja debe afrontar como natural, es el de las amistades. La pareja cambia su círculo de amistades por las que tengan que ver con los hijos de su edad, y esto lo vemos pasar por lo general en forma continua por diez años aproximadamente.

  El querer vestirse a su forma, querer andar solo, comer alimentos “chatarra” y a veces por la necesidad de pertenecer a un grupo e “integrarse” a una sociedad, el tener relaciones sexuales a edades tempranas, preferencias en cuanto a su compañero sexual, tabaquismo, alcohol, y en otros casos hasta drogas; son algunos de los problemas que los padres tienen que estar preparados para afrontar en el crecimiento de sus hijos. 

  Por eso de la importancia de que los padres sepan todo esto y se mantengan unidos en una posición abierta con capacidad de escuchar, charlar, discernir, sin llegar a discutir agriamente  sobre todo, negociar todos estos cambios en su conducta para ayudarlos positivamente. 

  Romper barreras hablando y liberando los prejuicios de “Como voy a hablar de eso con él, todavía es un chico”, o de “cuando tenga alguna duda me lo va a consultar”, no, encarar la conversación sin miedos y utilizando el mismo idioma con que se piensa, para evitar complicaciones: “¿Tienes relaciones sexuales? ¿Tienes alguna duda, cualquiera, que te pueda aclarar?”, “No hay problema, podemos hablar de cualquier cosa”. 

  Pero si bien, es muy importante dialogar, hablar abiertamente y con honestidad a tus hijos e hijas, nunca debe perderse el rol que cada uno tiene en la familia, es decir no sobrepasar la línea que delimita tu estatus de padre y el de ellos de hijos, porque la confianza y la buena comunicación es una linda manera de crecer “junto” y no “contra” los hijos!

  Una de las maneras de poder crecer junto a nuestros hijos es saber por la etapa que están pasando, saber lo que pueden estar sintiendo, pensando y así poder acompañarlos en cada etapa con amor.

La televisión y la gordura... ¿Tienen algo en común?

La cada vez más preocupante gordura de gran parte de la población norteamericana propició algunos estudios y éstos concluyen que hay una relación directa entre la televisión y el sobrepeso de los niños

  Más que tener algo en común, en muchos casos, una es consecuencia de la otra, es decir, el sobrepeso y la obesidad, sobre todo en los niños, se debe en gran medida a la falta total de ejercicio físico al estar horas y horas frente al televisor.

 En los últimos tiempos ha incrementado el porcentaje de niños con sobrepeso, por ello es necesario determinar algunos de los factores que influyen directamente, para comprender cómo afecta esta realidad a los más pequeños.  Estudios recientes concluyen que la cantidad de tiempo que los niños pasan viendo la televisión tiene una relación directa con su peso, siendo mayor la incidencia de obesidad entre los niños que pasan más horas frente al aparato televisor, eso aunado a una mala alimentación, y a la inactividad que se tiene al estar, ya sea viendo televisión o practicando  algún tipo de juego electrónico es lo que contribuye al creciente problema del sobrepeso y la obesidad entre niños y adolescentes.

 “Durante los últimos años, ha disminuido el número de niños en los EE.UU. que se mantienen activos físicamente a la vez que se ha duplicado el número de niños con sobrepeso”, precisa Anna Martin, asesora en nutrición y asuntos de la familia y del consumidor con Extensión Cooperativa de la Universidad de California. 

  En promedio, los niños en este país pasan diariamente más de cuatro horas y media frente a una pantalla, ya sea viendo televisión, videos, videojuegos o la computadora. 

 "Los niños que pasaron más de cuatro horas frente a la televisión tenían más grasa corporal que aquellos que la vieron por menos de dos horas", precisa Martin en referencia a los estudios citados. “Los niños a quienes no se les permitía ver la televisión más de una hora al día tenían una incidencia mucho menor de sobrepeso que aquellos que miraban la televisión por más tiempo”.

  Se encontró que era menos probable que los niños que veían más televisión a diario participaran en actividades físicas, lo cual por supuesto que es malo, pero peor aún es, el hecho de que esta falta de actividad al combinarse con alimentación deficiente o francamente mala y al incremento en consumo de alimentos chatarra, contribuye a fuertes problemas de salud para los niños, tales como niveles altos de colesterol y de presión arterial, diabetes, enfermedad de la vesícula e interrupción del ritmo respiratorio al dormir (apnea).

 “Una de las mejores maneras de combatir la inactividad radica en vigilar los hábitos de diversión de los niños”, observa Martin. “Comience dando un buen ejemplo a sus hijos y vea menos televisión. Los niños cuyos padres ven más de dos horas diarias de televisión pasan mucho más tiempo entretenidos con la televisión, el Internet, los videos y los video-juegos”, subraya.

  Usted puede encaminar bien a sus hijos para que disfruten de una vida activa y saludable poniendo en práctica las recomendaciones que brinda la Academia Estadounidense de Pediatría:

- No tenga un televisor en las habitaciones de los niños.  La razón es que quienes tienen televisor en su recámara la ven en promedio 4.6 horas más cada semana y son más propensos a tener sobrepeso. 

- Limite a dos horas diarias el total de tiempo que pueden invertir los niños frente a una pantalla (ya sea en televisión, video, computadora, videojuegos) La probabilidad de que tengan sobrepeso aumenta por cada hora adicional que ven la televisión diaria-mente. 

- Siéntese a ver televisión con sus hijos y hablen sobre lo que vieron. Anime a sus niños a entretenerse de otras maneras, como con actividades que incluyan tanto aspectos físicos como sociales. Por ejemplo: los clubes 4-H, clubes escolares y comunitarios, alguna clase después de la escuela y participar en actividades con la familia. 

  Es un hecho que el ejercicio y la actividad física pueden ayudar a controlar el peso, reducir la presión arterial alta y disminuir los sentimientos de depresión y ansiedad. 

 “Una rutina saludable es una rutina activa, por eso nada mejor que dar un buen ejemplo a sus hijos y así todos en la familia disfrutarán de los beneficios de estar en su peso por muchos años”, concluye Martin.

¿Cuánto riesgo corre su hijo de convertirse en fumador?

El cigarrillo es sólo uno de los vicios en que los jóvenes están propensos a caer; y la forma más eficiente de que esto no ocurra es que los padres los orienten y pongan el ejemplo

  Anteriormente se creía que la única forma de que los jóvenes entraban en contacto con un cigarrillo era en lugares como una discoteca, bailes, la calle con los amigos vagos o viendo a algún familiar adulto que tenía ese vicio. Pero hoy en día, aparte de esas opciones, es posible que tengan acceso a ellos en cualquier lugar y a cualquier hora.

   Así que si usted piensa que su hijo es demasiado joven, inocente o que no acude a lugares donde puede ser tentado para probar el tabaco, ¡olvídelo! eso está en todos lados. 

 Según algunas estadísticas, más de un 20% de los estudiantes de preparatoria (High School) reportaron haber fumado al menos un cigarrillo antes de cumplir los 13 años de edad. 

 Con estos resultados estaría de más decirle que nunca es demasiado temprano para hablar con sus hijos acerca de no fumar e incluso aunque estén en la escuela primaria. Pero aún después de que haya conversado del mismo tema varias veces con ellos, las conversaciones no deberían detenerse pues aún corren riesgo de caer en este mortal vicio.

 Aunque cifras de fumadores se han reducido, siguen demasiados los jóvenes que caen en ese adictivo vicio. Esperamos que esté de acuerdo en que el momento de hablar con sus hijos para ayudarlos a prevenir que fumen cigarrillos es hoy! es ahora!

 Más de una tercera parte de los niños que prueban el cigarrillo, terminan siendo fumadores de diario. Pero si usted puede evitar que los adolescentes fumen en la secundaria (Jr. High School) o preparatoria (High School) las probabilidades de que no fumen cuando sean adultos serán mayores.

   LA SALUD DE SU HIJO CORRE PELIGRO

 ¿Por qué debería conversar con su hijo acerca de no fumar? He aquí algunos datos importantes:

Mientras más joven es la gente cuando empieza a fumar, más propensa es a crear una fuerte adicción a la nicotina.

 Los síntomas de la adicción (tener fuertes ganas de fumar, sentirse ansioso o irritable, etc.) pueden aparecer en adolescentes y preadolescentes en cuestión de semanas o sólo días después de que se convierten en fumadores “ocasionales”.

    Efectos a corto plazo

  Los adolescentes y preadolescentes que fuman:

• Son más susceptibles a resfriados.

• Experimentan dificultad al respirar más a menudo que aquéllos que no fuman.

     Efectos a largo plazo

* Más estadounidenses mueren a causa de enfermedades relacionadas con el cigarrillo que por el consumo de alcohol, accidentes automovilísticos, suicidios, SIDA, homicidio y drogas ilegales.

* El fumar es una de las principales causas de enfermedades del corazón, enfisema y derrame cerebral, y puede aumentar el riesgo de contraer cáncer oral y enfermedades de las encías.

* Una persona que fuma un paquete de cigarrillos o más por día vive, como promedio, siete años menos que alguien que nunca ha fumado.

* El humo exhalado por los fumadores contiene 43 sustancias químicas que se conocen por ser cancerígenas y adictivas.

• El fumar es la causa de muerte prematura más prevenible en este país.

CAUSAS POR LAS QUE SU HIJO PUEDE CAER EN ESTE VICIO

– ¿Se reúne su hijo con otros chicos que fuman cigarrillos? Los niños que tienen tres o más amigos que fuman son 10 veces más propensos a agarrar el vicio, que aquéllos que reportan que ninguno de sus amigos fuma.

– ¿Fuma usted o su cónyuge? Estudios han descubierto que los niños que tienen un padre que fuma cigarrillos son dos veces más propensos a fumar.

– ¿Fuma alguno de los hermanos de su hijo? Tener un hermano o hermana mayor que fume, triplica las probabilidades de que el niño fume.

– ¿Tiene su hijo problemas en la escuela? El cigarrillo ha sido ligado repetidamente a un pobre rendimiento académico.

– ¿Está deprimido su hijo? Varios estudios han asociado el fumar cigarrillos con síntomas de depresión en los adolescentes.

– ¿Es su hijo un adolescente? Los niños entre los 11 y 15 años, de sexto a décimo grado, son los más vulnerables. Esa es la etapa en que la mayoría de los niños que fuman dicen haber probado su primer cigarrillo.

  Este vicio, como cualquier otro, puede prevenirse a tiempo siempre y cuando los padres tengan la paciencia y la perseverancia para enseñarles a sus hijos el riesgo que tiene fumar... Pero sobre todo, que prediquen con el ejemplo. 

¿Por qué algunos niños no hablan bien?

Un problema en la pronunciación puede significar para el pequeño un rechazo en el hogar y en la escuela... Pero esta situación no siempre se debe a un problema físico, sino que a veces puede ser emocional

 Una de las causas principales por los que un niño no sabe hablar es la poca estimulación. El maltrato emocional también se encuentra entre las causas principales que provocan problemas del habla en los niños, el daño puede tener las mismas complicaciones de quienes se expresan incorrectamente por defectos físicos o neurológicos... 

   Un ejemplo de ello sería un pequeño de 4 años, Carlitos, que parece estar condenado a tartamudear por el resto de su vida. Sus habilidades lingüísticas pudieron haber sido normales si sus padres no pelearan todo el tiempo, no lo regañaran injustificadamente, no lo hubieran hecho sentir de menos cuando nació su hermano menor y encontrara armonía en el hogar. 

    Un problema en la pronunciación puede significar para un niño el rechazo en el hogar y en la escuela, donde es objeto de burlas de otros pequeños, que tampoco comprenden por qué ocurre esto. 

  Para que un niño corrija su habla es necesario identificar con exactitud cuál es el trastorno que le está afectando. De acuerdo con Patricia Peralta, terapista del centro Psicología Educativa, “la evaluación consiste en una entrevista con los padres o encargados del menor, pruebas informales, un test, la revisión de los órganos fonoarticulatorios y del patrón respiratorio”. 

  Esto permite clasificar el caso entre los diferentes trastornos reconocidos clínicamente. Todos estos casos son tratados por terapistas del habla, apoyándose en psicólogos, cirujanos y otorrinaringólogos cuando así se requiere. “Los problemas más difíciles de tratar son aquellos cuya causa es emocional, como el tartamudeo, que requiere de psicoterapia paralela a la terapia del lenguaje”, indica Peralta. 

   Los casos más comunes y con mayor probabilidad de corrección son las dislalias, que consisten en la mala pronunciación de las letras, ya sea por sustitución, omisión o distorsión de los sonidos. Aquí entra el rotacismo, cuando el problema es con la “R”; sigmatismo, con la “S”; landacismo, con la “L”, y otras letras.

  Entre los casos menos complicados de lo que podría parecer está el frenillo corto, que impide el adecuado movimiento de la lengua. Por su experiencia, la psicóloga infantil, Laura González, comenta que cuando se diagnostica este defecto “los papás le tienen pánico a eso porque creen que es una operación complicada, pero no, la realiza el dentista y, a veces, ni siquiera es necesario poner puntos, no hay que hacer reposo ni faltar a la escuela”, explica. 

¿Cómo Detectar el Problema?

 La observación y actitud de los padres son determinantes en la capacidad lingüística del niño. Por una parte, deben estar muy atentos a que el hijo se desarrolle adecuadamente en cada etapa del proceso del habla, pero sin presionarlo ni afligirlo.

 “En lugar de estimular, los adultos atemorizan a los pequeños corrigiéndolos con gritos, diciéndoles que si no hablan bien no los van a recibir en el colegio”, señala González.

  El proceso del habla se inicia desde que el niño está en el vientre de la madre y, a ésta, se le recomienda que le hable y lo exponga a los sonidos de la música. 

  Durante los primeros 12 meses, el pequeño debe aprender a reconocer los sonidos, lo que puede manifestarse con gritos, llantos, gestos y balbuceos. A través del primer año debe aprender a decir algunas palabras, “las que más se facilitan son las que llevan la letra “P” porque es un sonido explosivo, mientras que la mayor dificultad se presenta con los sonidos guturales”, indica. 

 “A los dos años el niño debe decir frases con sentido y tratar de hacer oraciones. El siguiente año ya es capaz de mantener un diálogo corto y sigue instrucciones. Cuando alcanza los cuatro años tiene fluidez para relacionarse con los demás y el proceso del habla se va perfeccionando hasta los seis años”, ex-plica la terapista. 

  No todos los niños demostrarán el mismo nivel de desarrollo durante esos seis años, “algunos pueden pronunciar una “R” francesa durante un buen tiempo”, pero los padres y maestros deben estar muy atentos para distinguir un error fácilmente corregible. Si en los primeros meses el bebé tiene la vista perdida cuando se le somete a estímulos sonoros, llega a los dos años sin decir una palabra o se detecta otro retraso importante, entonces es necesario acudir a expertos. 

  Mientras más rápido se reaccione será más fácil corregir el defecto lingüístico, pues no habrá tanta interrupción entre las etapas del habla. Cuando los retrasos no se descubren durante los primeros meses de vida del menor, seguramente éstos se manifestarán en los años de escolaridad. 

 

  Es importante entonces, que los padres de familia y los maestros tengan una relación estrecha en la formación del niño, porque el futuro de esos pequeños está en sus manos!!

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