La fábula de la semana

Un Verdadero Amigo

  Roncín era un potro cada vez más desconfiado con los demás. Y no sin motivos. Aquí te contamos por qué. 

  El padre de Roncín era inmensamente rico; por esa razón le salieron a su hijo amigos por doquier. El tan ingenuo, creía que le querían por él mismo. Su decepción llegó cuando, tras arruinarse su padre, Roncín vio que sus amigos se apartaban de él y se burlaban de su nueva situación. ¡Qué experiencia tan desagradable! 

  Pasó el tiempo y Roncín, convertido ya en caballo hecho y derecho, amasó una fortuna, a fuerza de ganar carreras.  

 Con ironía, comprobó cómo sus antiguos “amigos” de la infancia, volvían a solicitar su compañía. Claro, se sentían atraídos por su dinero. Roncín los rechazó, sin titubear. 

  -A mí no me engañan con su hipocresía. Son incapaces de amar a los demás, porque están llenos de codicia- les dijo a todos, muy disgustado. 

  Casualmente, entabló amistad con Cebrón, quien parecía deseoso de cultivar su amistad, Roncín, desconfiado como siempre, decidió someterlo a una prueba, diciéndole que había perdido toda su fortuna en las apuestas.

  -No te preocupes -le respondió Cebrón-. Yo te doy el dinero que te haga falta para salir de tu mala racha. Roncín comprendió que la amistad ofrecida por Cebrón era sincera. ¡Por fin había encontrado un amigo de verdad!.

Amiguito, un verdadero amigo

Moraleja: en las buenas y en las malas estará contigo!!

El Chimpancé Guardacostas

  Pimpim era un chimpancé muy peculiar, pues le apasionaba la playa y el mar. Se pasaba los días enteros allí, divirtiéndose tomando el sol y dándose  chapuzones.

   Entre otras cosas lo que más le encantaba era tirarse clavados desde una roca muy alta. ¡Y vaya que lo hacía muy bien, tenía un gran estilo!

  Pero por ese estilo de vida, todos, desde sus hermanos y amigos hasta su padre le llamaban vago, porque no tenía trabajo, pero esas críticas a él le tenían sin cuidado. 

-Si algún día encuentro un trabajo que tenga algo que ver con el mar, ¡ya verán cómo no soy un vago! -Les respondía. 

   En cierta ocasión, mientras tomaba el sol, se percató que una pequeña embarcación se estaba hundiendo cerca de la orilla. Sin la más mínima vacilación se lanzó al agua y salvó de perecer ahogados a un osito y a un castor que estaban de vacaciones y habían salido a dar un paseo  marítimo.

  Desde ese día, Pimpim fue nombrado guardacostas de la región, y ya nadie pudo llamarle vago. Es más, les puedo asegurar que a partir de aquel incidente, el simpático chimpancé trabajaba con enorme entusiasmo. 

  Amigo, siempre que te sea posible, conviene que trabajes en algo que te guste realmente. Si no, serás muy desdichado.

Moraleja: Trabajar es una satisfacción, y si te gusta tu trabajo, lo harás con mucha dedicación!!

La Gran Hazaña

  Zoolandia había sido un pueblo muy pacífico y grato para vivir en él pero, de un tiempo acá,  había cambiado.

 Una pandilla de “gángsters”, bajo el mando del gran perro Dogo, sembraba el terror entre los pobres vecinos. Ninguna caja fuerte se les resistía y andar solo por la calle, de noche, era peligroso ya que estos pillos atracaban al primero que se encontraban.

  Don Hipopótamo, valiente y bonachón, no quería contagiarse del pánico que afectaba a sus vecinos y seguía con su vida de siempre. Acababa de poner una tienda de comestibles, repleta de todos los artículos.

  Sentado en la puerta, al sol, leía tranquilamente su periódico de la mañana. De repente. Dogo y sus compinches le encañonaron y le obligaron a meterse a la tienda. 

  ¡Danos todo el dinero que tienes en la caja o eres un hipopótamo muerto! Le amenazó el feroz perro. 

 El dueño de la tienda obedeció y les entregó treinta billetes de los grandes. El pillo y sus secuaces corrieron hacia la salida.

  Justo cuando abrían la puerta, sintieron que una pesada y tupida red se desplomaba sobre ellos.

   ¡Cielos... una red! ¡Estamos atrapados! Exclamó Dogo. 

  Un grupo de cachorros, autor de tan magnífica captura, reía, unos pasos más allá. 

  ¡Qué éxito, compañeros! ¡Los “polis” no habían sido capaces de atraparlos y nosotros en cambio, los hemos cazado! Exclamó el que parecía ser cabecilla.

  Por mucho tiempo se habló en Zoolandia de la hazaña de los cachorros que, por cierto, eran todos de león.

Moraleja: Amiguito, no por ser pequeño te des por vencido, tú podrás lograr lo que te propongas si lo haces con gran empeño!

Los cachorros desobedientes

  Mamá Guepardo tenía cinco cachorritos, cada cual más bonito y reluciente. Como eran muy traviesos,  tenía que estar pendiente de sus hijitos.

  Un día, sin embargo, se vio obligada a ir a ver a su prima, que estaba enferma de gravedad. Entonces, muy seria les dijo.

- Pequeños, tengo que visitar a la prima Tití, pero para irme tranquila tienen que prometerme que se portarán bien. 

- Vete confiada, mamita, que no nos moveremos de donde estamos ahora -le tranquilizó el mayor de sus cachorros.

   Pero, tan pronto como ella salió por la puerta, los cinco diablillos empezaron a revolverlo todo. Se metieron en la despensa y armaron un barullo tremendo. Cuando se les terminó la diversión en la casa, dos de ellos, animados de un gran espíritu aventurero, decidieron marcharse de safari. 

  No habían andado ni cien metros cuando un águila, ni corta ni perezosa, se llevó el paraguas, donde los dos cachorros se escondieron por el susto de verle.

  Por fortuna, su vuelo fue interrumpido por los disparos de un cazador. Los dos guepardos cayeron. Iban a morir sin remedio, pero la suerte estaba con ellos, pues cayeron en un charco poco profundo. 

   Mamá Guepardo estaba en la puerta, cuando los vio corriendo llenos de miedo, ella les estiró de las orejas, que éstas se hicieron el doble de grandes. Además estuvieron castigados durante una semana, sin salir de casa. ¡Bien merecido se lo tenían! 

Moraleja: Amiguito si eres un desobediente, muchos regaños tendrás por inconsciente!!

(Guepardo: Animal africano muy parecido al leopardo, también llamado Chita)

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