La fábula de la semana

El saltamontes Agradecido

  Era un crudo invierno que azotaba cruelmente aquella región pegada a uno de los polos de la Tierra, cuando un desamparado saltamontes avanzaba penosamente sobre la espesa nieve.

  El frío era intensísimo, por eso necesitaba encontrar, cuanto antes, un refugio, si no quería morir congelado.

  Nuestro amigo cayó inconsciente sobre la nieve, víctima del frío, del hambre y del cansancio. Por fortuna, un matrimonio de mariquitas que pasaban por allí se dieron cuenta  de la situación del pobre animalito y, rápidamente sin pérdida de tiempo, como pudieron se lo llevaron a su casa.

  Después de unos días Saltamontes se repuso con una buena comida y té caliente. Pasó todo el invierno en casa de aquella bondadosa pareja. Al despedirse de los que le habían salvado la vida, dijo, conmovido:

- No sé cómo agradecerles, y quisiera.....
- ¡Nada, nada!- Le interrumpió el señor Mariquita---. “Hoy por ti, mañana por mí”.

  Sus palabras fueron proféticas, pues, para el siguiente invierno, una hija del matrimonio se perdió en lo más profundo y tenebroso del bosque. Saltamontes, que lo conocía palmo a palmo, rastreó las huellas de la pequeña y no tardó en encontrarla y regresarla a sus padres sana y salva.

El canguro Bondadoso

   Había un cangurito que le gustaba mucho el mar, cosa rara en los de su especie, pero precisamente por eso se hizo marinero.

  A veces la vida a bordo le parecía aburrida. Pero, un día, el cocinero se puso gravemente enfermo y el capitán del barco en el que servía Cangurín, pidió a éste que se hiciese cargo de la cocina.

  En el barco, nadie notó la ausencia del cocinero; muy al contrario, los compañeros de Cangurín se chupaban los dedos con los guisos que se sirvieron en esa ocasión. Una tarde, Cangurín vio a un delfín que, nadando muy cerca del barco, parecía decirle algo. Comprendió que le pedía alimento para una cría de ballena que estaba muy enferma y a punto de morir de hambre. Esta sólo aceptaba natillas, también cosa extraña en una criatura del mar, pero... sobre gustos no hay nada escrito, amigos.

   Cangurín dio al delfín una buena cantidad de natillas, aún a sabiendas que iba a ganarse una buena regañada por ello. En efecto, el capitán del barco, al enterarse de lo sucedido, separó a Cangurín de la cocina y le impuso un arresto de un mes sin salir de su camarote.

   A los pocos días, el barco de Cangurín encalló junto a la costa de Malabar. Todos los esfuerzos por liberarle resultaron inútiles. La tripulación corría un serio peligro, pues allí el oleaje es muy fuerte.

  El delfín amigo de Cangurín, al enterarse de lo sucedido, pidió a la madre de la ballenita que liberase el barco. Ella por supuesto accedió y, horas después, el barco navegaba por aguas profundas. El capitán, conocedor del hecho y de la gratitud de Mamá Ballena hacia Cangurín, impuso a éste último la Medalla al Mérito Naval.

Moraleja: Las acciones que a otros hoy hagas, el día de mañana tú las recibirás!!!

El Tigre de Bengala

  Tito era un hermoso y travieso tigre de Bengala, le gustaba pasear por las cercanías de las ciudades, especialmente al mediodía, cuando el sol calcinaba con sus rayos la tierra sagrada de Benarés (India).

  Tito reparó en un viejo hindú que, sentado en el suelo, sobre una vieja alfombra, tocaba una flauta con exóticos acentos. Ante él, una poderosa cobra se contorneaba en el aire, embrujada por la magia de su música. El espectáculo era fascinante, tanto que el tigre, pensó:

  “¡Oh, me encantaría poder hacer lo mismo que este noble anciano! ¡Le preguntaré el secreto de su arte!”.

  El hindú no tuvo inconveniente de iniciar a Tito en los misterios de la flauta mágica. Sus últimas palabras fueron: - “Pero recuerda que sólo debes interpretar música clásica”.

  No le fue difícil conseguir una cobra, pero, en cambio, la partitura clásica por más que buscaba en su casa, no la encontraba. Finalmente, optó por comprar una partitura de música moderna, pensando que daba lo mismo.

  Al iniciar, ya delante de la cobra, los primeros compases de música moderna, al son de la flauta, el reptil se arrojó sobre Tito y comenzó a rodearle con su cuerpo viscoso, dispuesto a asestarle la mordedura fatal.

  Afortunadamente dio la casualidad de que el viejo hindú pasaba por allí y pudo intervenir con rapidez. Unos sones lentos y melodiosos de su flauta bastaron para que la cobra dejara a nuestro amiguito en libertad.

 -¡Vuelvo a recordarte, le recalcó su maestro-  que las cobras y serpientes sólo toleran la música clásica!

Moraleja:
si un adulto, una advertencia te hace por tu biene, siempre en cuenta debes tener!!

Un Tigrito Dibujante

  A Tigrillo tigrito le gustaba y apasionaba dibujar tanto, que nuestro amiguito prácticamente se pasaba las veinticuatro horas del día haciendo garabatos de todo lo que se imaginaba.

  Eso está bien, pero lo malo era que en su escuela, mientras el profesor explicaba la lección del día, Tigrillo se la pasaba dibujando y no ponía atención a sus clases.

  Y claro!, los resultados no se hicieron esperar y pronto llegaron las malas notas y el enfado del profesor, quien molesto habló con los padres de su alumno por la poca atención que ponía en las clases. Estos le prometieron que enderezarían a su hijo.

 - Hijo, sé que te gusta mucho dibujar, pero lo primero son tus estudios y que apruebes el curso. Si lo haces, podrás ir a una Academia de Dibujo - dijo papá Tigre, sin irritarse pero sí con firmeza a nuestro protagonista.

  A tigrillo la idea le entusiasmó mucho y como era muy voluntarioso, comprendió la necesidad que tenía que hacer honor a la confianza depositada en él por sus padres y no podía decepcionarlos...

  El tigre dibujante aprobó el curso y su padre cumplió la promesa que le había hecho...

  Hoy cuentan que nuestro amiguito se ha convertido en un famosísimo dibujante.

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