La fábula de la semana

La Liebresita Obediente

 Había invitados en casa de la familia Liebre. La señora de la casa, famosa en todo el bosque por sus exquisitos guisos, se disponía a deleitar a sus amigos con un sabroso plato de setas. Con tal motivo, dijo a su hija:

- Liebrecita, ve al bosque y tráeme ese cesto lleno de setas. Las necesito para la comida de hoy.

  Su hija, como siempre obediente, hizo lo mandado y, al cabo de un rato, regresó muy contenta. Había encontrando setas grandes y hermosas por todas partes. ¡Qué fácil había sido para ella recogerlas! 

  Doña Liebre echó una ojeada a las setas y, con breve sonrisa, se volvió hacia su hija, y le dijo: -Hija. Escucha bien lo que voy a decirte. Estas setas, que son tan hermosas y grandes a simple vista, pero no sirven para comérnoslas.

 Necesito que traigas unas setas feas y arrugadas. Esas sí valdrán, como ves, las apariencias engañan, y en todas las cosas hay que buscar el interior, hija. Anda, vuelve al bosque y recuerda lo que te he dicho.

  Liebrecita pensó un buen rato en lo que su madre le había comentado. Llegó a darse cuenta que más vale fiarse de los ojos del alma que en los ojos del rostro. Aunque necesitó mayor esfuerzo y tiempo para encontrar las setas buenas y comestibles, no tardó mucho en llenar su cesta. Volvió en el momento oportuno y su madre preparó un guiso inolvidable con las setas, por feas y arrugadas que parecieran ser.

Moraleja: De las apariencias no te has de fiar que por lo regular suelen engañar!!

El Osito Goloso

  En el bosque vivía un pequeño Osito al que le volvía loco la miel. Si por él fuera, se habría zampado toda la miel que hay en el mundo. 

 Tal era su afición a ella que se pasaba prácticamente el día entero metiendo las narices en las colmenas donde la miel era almacenada por las abejas. Su mamá no dejaba de advertirle: 

-Osín, no te metas en donde no te llaman, que un buen día te vas a ganar un picotazo. 

 Osín hacía caso omiso, pues era muy grande la debilidad que sentía por la miel. El seguía curioseando de colmena en colmena. Y aunque las abejas eran bondadosas y comprendían el buen gusto que tenía éste, la verdad es que el travieso glotón ya se estaba pasando, pues comía cantidades enormes de la miel que con tanto esfuerzo preparaban las abejas. 

  Al fin, viendo que nada podía disuadirle de su glotonería, se vieron obligadas a darle un buen escarmiento.

 Algunas de ellas le dieron un fuerte picotazo en las narices... y Osín, muy dolorido, salió corriendo por el prado en dirección a su casa. 

  El goloso de Osín se pasó dos días en cama, preso de fortísimos dolores de nariz.

-Ya te lo había advertido. Pero como tú no hiciste caso, mereces lo que te pasó -le decía su madre, entre indignada y pesarosa por la terquedad de su hijo.

Moraleja: Cuando una advertencia te hagan, escúchala o las consecuencias pesarán!!

El Canto del Ruiseñor

  En el interior de un bosque se había organizado un concurso de canto en la explanada situada en medio de la arboleda. Quien mejor cantase de todos los participantes, se llevaría un valioso premio. 

 Aunque desde antes de que diera comienzo el certamen, todos sabían el nombre del seguro vencedor. 

- Sin duda alguna Ruiseñor se llevará el premio. Canta maravillosamente -- afirmó una oveja, que también tenía pensado concursar. 

- Estoy de acuerdo contigo ¡Es tan melodioso su trino y tan dulce su acento! -- exclamó una perrita con inquietudes poéticas. 

- Canta como si te arrullaras en un sueño de nunca acabar- Dijo una ardillita.

 Momentos antes de dar comienzo el concurso, un ciervo se acercó  al ruiseñor, y le pidió:   -¡Por favor, te lo suplico! ¡Te imploro! ¡Ven a mi casa pronto! ¡Mi pequeño hijo se está muriendo! ¡Si él puede oírte cantar, quizá se cure! Y logre recuperarse del todo.

 Ruiseñor, sin dudarlo un instante, renunció a su seguro triunfo y complació al acongojado ciervo. Cuentan que el ciervecito, al escuchar el sublime canto del ruiseñor, no sólo quedó complacido, sino que empezó una consistente recuperación.... Gracias al canto de este buen samaritano.

Moraleja: El tener un don no sólo es de presunción, si con ello ayudas, te dará satisfacción!!

Una Obejita Caritativa

  Ovejita era un ser maravilloso, algo muy raro de encontrar en este mundo. Dedicaba mucho de su tiempo a ayudar y visitar a los pobres y consolar a los enfermos. Se desvivía por el prójimo y su mayor placer era llevar la felicidad a los demás. 

 Como es natural, en estos casos, todos querían disfrutar de su compañía al mismo tiempo, lo cual, como es lógico, era imposible, pues ovejita no podía partirse en dos, diez o veinte pedazos. ¿Qué hacer para solucionar semejante problema?

-Ovejita, andas demasiado y tus piernas se resienten. Las tienes muy delicadas. Mejor será que descanses un poco más, ¿no te parece? ¿o es que deseas quedarte coja? - quien así le hablaba era el doctor Jirafa, que también sentía un gran cariño por ella, como todo el mundo. 

  Comprendo, doctor -respondió ella-, pero yo me debo a la gente que necesita mi ayuda. ¡De ninguna manera puedo defraudarla! 

  El doctor comentó el problema con algunos miembros de la comunidad y, tras meditarlo un poco, encontraron cómo resolver favorablemente para todos aquella situación:

  Todos los vecinos del lugar se reunieron y cooperaron para comprar a Ovejita una linda motocicleta, con la que pudiera ir de un sitio para otro con rapidez y comodidad. 

  Desde entonces, nuestra amiguita pudo multiplicar por tres el número de sus visitas y así pudo hacer felices a muchos más necesitados. 

Moraleja: Si un problema de grupo tenemos, uniendo fuerzas, lo podremos resolver!!

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