La fábula de la semana

Los Pingüinos Orgullosos

  Cerca del Polo Norte vivían dos pingüinos que, sin haberse tratado nunca, se consideraban enemigos. Cada vez que pasaban uno al lado del otro intercambiaban miradas de odio capaces de derretir todo el hielo cercano. 

Naturalmente, todo lo interpretaban mal y, cuando uno andaba erguido y con la tripa fuera, el otro pensaba que era un creído  sin remedio y así sucesivamente.

  Un día concurrieron ambos a un baile de disfraces que se daba en la colonia donde ellos vivían. Como llevaban puestas sendas máscaras, no se reconocieron el uno al otro y entablaron una animada conversación:

- Hay un gran ambiente aquí. Se ve que el baile de disfraces gusta a la gente -comentó uno de ellos. 

- Sí, la verdad es que nos vendrían bien unos cuantos bailes de estos al año - aseguró el otro. 

  Al cabo de un rato ya eran buenos camaradas y hasta se pudiera decir amigos. Cuando, terminó el baile, se quitaron sus respectivas máscaras y descubrieron asombrados, sus mutuas identidades. 

Tras un momento de vacilación, se soltaron a carcajadas. Les hacía mucha gracia el recuerdo de su pasada enemistad. En especial, al evocar aquellas furiosas miradas, ahora se morían de risa, de tal tontería.

El Gatito Testarudo

 Gatito era muy terco. “El que la sigue, la mata” -era su lema favorito. Se hizo famoso por la firmeza de sus ideas. Jamás daba su pata a torcer ante nada. 

 Un día, Gatito se fijó en  un hermoso canario, cuya jaula colgaba de un agarre muy alto. Se relamía pensando en el canario, y saboreando la forma en que se lo comería.

 Muy tranquilo y con todo el tiempo del mundo, Gatito se sentó frente a la jaula donde estaba el canario y aguardó pacientemente. El canario, compadecido del pobre gato, creyó que era su deber aconsejarle. 

- Mira, gatito. No pierdas tu tiempo, porque yo nunca voy a salir de esta jaula. ¿No sería mejor que te subas a aquellos árboles que ves a lo lejos? Allí tiene que haber muchos pájaros.

No te preocupes, amigo-- le respondió Gatito-. Tengo la paciencia que Job. Si es necesario, esperaré toda la vida. 

- Allá tú, yo ya te lo advertí.

 Pasaron años y mientras nuestro amiguito esperaba pacientemente, se alimentaba con algún que otro ratón que pasaba por allí. Ya se había hecho viejo. Pero su propósito no había cambiado en lo más mínimo. 

 Le tocó morir antes que al canario, pues esté había llevado una vida más acorde con su naturaleza, pero un gato necesita, correr, saltar  pero Gatito había hecho justo lo contrario y, claro, murió antes de lo acostumbrado. 

“Siéntate a la puerta de tu casa y verás pasar el cadáver de tu enemigo” --pensó el canario, mientras veía como se llevaban a Gatito. 

Moraleja: No te aferres ni obsesiones en una idea que la tequedad es mala consejera!

La Cigarra Desobediente

 Cigarra era muy propensa a alejarse demasiado de su casa. Nunca le había ocurrido nada malo, pero su madre le advertía sin cesar: - “Hija, la prudencia es la cualidad que nos permite seguir con vida. Aquí, en el campo, tenemos muchos enemigos dispuestos a comernos y acabar con nosotras. Debes andar con los ojos bien abiertos y, procura no alejarte mucho de casa”.

  Cigarra, creyendo que su madre exageraba, se alejó una tarde de los lugares que frecuentaba. La noche le sorprendió en un desconocido rincón del bosque. 

  Entonces, sintió miedo. ¿Qué podía hacer? Tenía hambre y se sentía cansada y friolenta. 

  Seguida por su instinto, empezó a volver sobre sus pasos. Por el camino, tuvo que huir de un sinfín de animales que pretendía comérsela! Uyy!, No saben cuántos sobresaltos tuvo en unas horas! 

  Cuando Cigarra llegó a su casa, ya había amanecido. El corazón le latía con mucha fuerza y se sentía desfallecer. Cubierta de barro y congelada de frío, se presentó ante su madre, que había pasado la noche muy intranquila y sin poder dormir. Llorando, le contó todo, detalle por detalle por todo el peligro que pasó. 

  Su madre, le preparó un riquísimo desayuno y, ya limpia y comida Cigarra pudo dormir a sus anchas, tras prometerle que, de ahora en adelante, seguiría sus consejos, uno por uno.

Moraleja: Amiguito: a tus padres debes escuchar si de peligros te quieres librar!!

La Liebresita Obediente

 Había invitados en casa de la familia Liebre. La señora de la casa, famosa en todo el bosque por sus exquisitos guisos, se disponía a deleitar a sus amigos con un sabroso plato de setas. Con tal motivo, dijo a su hija:

- Liebrecita, ve al bosque y tráeme ese cesto lleno de setas. Las necesito para la comida de hoy.

  Su hija, como siempre obediente, hizo lo mandado y, al cabo de un rato, regresó muy contenta. Había encontrando setas grandes y hermosas por todas partes. ¡Qué fácil había sido para ella recogerlas! 

  Doña Liebre echó una ojeada a las setas y, con breve sonrisa, se volvió hacia su hija, y le dijo: -Hija. Escucha bien lo que voy a decirte. Estas setas, que son tan hermosas y grandes a simple vista, pero no sirven para comérnoslas.

 Necesito que traigas unas setas feas y arrugadas. Esas sí valdrán, como ves, las apariencias engañan, y en todas las cosas hay que buscar el interior, hija. Anda, vuelve al bosque y recuerda lo que te he dicho.

  Liebrecita pensó un buen rato en lo que su madre le había comentado. Llegó a darse cuenta que más vale fiarse de los ojos del alma que en los ojos del rostro. Aunque necesitó mayor esfuerzo y tiempo para encontrar las setas buenas y comestibles, no tardó mucho en llenar su cesta. Volvió en el momento oportuno y su madre preparó un guiso inolvidable con las setas, por feas y arrugadas que parecieran ser.

Moraleja: De las apariencias no te has de fiar que por lo regular suelen engañar!!

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