LO INSOLITO Y SORPRENDENTE - Cuentos y Leyendas

¡El niño que regresó de su tumba para celebrar Halloween!

 En la noche de brujas de 1982, un grupo de amigos vivió una experiencia que los dejó marcados de por vida, y de la que por muchos años, se rehusaron siquiera mencionar...

 Recopilada por Víctor Romero

 Lo que vivió Lucas Paniagua, hijo de padres guatemaltecos y nacido en el Este de Los Angeles, en la noche de brujas del año de 1982, junto a sus hermanos, primos y vecinos que lo acompañaban, fue algo que nunca  pudieron olvidar. Una experiencia que los dejo ‘marcados’ para siempre y que por años, se rehusaron hablar de ella... Pues bien, esta es la historia.:


 Empezaba a anochecer en la celebración de ese Halloween y en aquella ocasión Lucas de 10 años y su primo Ambrosio de 11, se alistaban para ir con su ‘treak or treat’ a pedir dulces. Irían con ellos sus respectivos hermanitos y dos niños de su vecina.


 Los padres de Lucas y Ambrosio acordaron reunirse un Halloween en la casa de uno y luego en la del otro. En esa ocasión le correspondió a la familia de Lucas tener a la de su primo, en Montebello, donde recientemente habían comprado una linda casa.


  En aquel tiempo no había los disfraces como hoy en día, pero los padres de ambos se las ingeniaban para confeccionárselos ellos mismos y así pasaban todos juntos una buena velada. Así que poco antes que cayera la noche, Lucas y Ambrosio prepararon sus ‘linternas’ que no eran otra cosa, sino unos botes metálicos a los que los chicos hicieron algunas perforaciones con clavos y golpes de martillo, intentando formar en ellos alguna figura relativa al Halloween; dentro de éstos colocaron trozos de vela y los encendieron, creando así el efecto de que realmente llevaban una linterna.


  El padre de Lucas dijo que él iría con ellos hacia el lado norte hasta llegar a la calle Beverly, de ahí regresarían por la acera contraria hasta llegar frente a su propia casa. Ahí lo relevaría Carlos, el padre de Ambrosio, quien acompañaría la procesión hasta el boulevard Whittier, y volverían por la acera contraria hasta el punto de partida.


  Por lo tanto echaron a andar y fueron tocando casa por casa recogiendo golosinas de todo tipo, dejando que otros grupos de niños hicieran lo mismo, por eso el padre de Lucas les dijo que fueran más lento para no revolverse con los demás. Llegaron hasta la calle Beverly, y cruzaron la calle al lado contrario.


  Cuando faltaban sólo tres casas para llegar frente a la de Lucas, éste vio que había un pequeño como de seis años en el portal de otra casa, quien no caminaba a un lado ni a otro, parecía que sólo veía pasar a los demás. Lucas y Ambrosio ‘aprobaron el disfraz del niño’, que tenía la ropa desgarrada y su rostro muy pálido y ensangrentado. Lucas, que era de buen corazón, le preguntó: ‘¿Quieres venir con nosotros? Y el pequeño movió su cabeza afirmativamente.


  ‘Ambrosio, ¿qué te parece si vacío en tu bolsa lo que llevo en la mía? Es que este ‘niñito’ ni bolsa trae y quiero darle una’, propuso Lucas.
  ‘Sí, vacíala, lo que juntemos nos lo repartimos después tú y yo’, respondió Ambrosio.
   Y así lo hicieron.
   ‘Oye, ¿cómo te llamas?’, interrogó Lucas.
   El invitado contestó con claridad: ‘Peter’. Y tomó la bolsa que le dio Lucas.
  ‘¿Qué pasa?, preguntó el padre de Lucas.
  ‘Nada papá, Peter irá con nosotros, le dimos una bolsa para que él ‘colecte’ también’.
  ‘Bueno, ahora le toca a tu tío Carlos acompañarlos hasta ‘la Whittier’, se van con cuidado’, dijo el padre de Lucas y cruzó la calle para que el papá de Ambrosio tomara su lugar.
  Igual, se fueron caminando y cuando terminaron su recorrido y llegaron a la casa de Lucas, él le dijo a Peter que hasta allí llegaban, que había sido un placer ir de ‘treak or treat’ con él.
  Peter, inexpresivo, le tendió su mano derecha y Lucas la sujetó en señal de despedida.
  Cuando Lucas se volteó para ir hacia su casa, escuchó la voz de Peter que le decía: ‘Gracias’.
  Lucas sólo levantó una mano y se fue corriendo…  Pero apenas pasaron unos minutos, tocaron a la puerta y una joven preguntó si alguien había olvidado una bolsa allá afuera. Intrigados, los padres y los niños salieron a ver de qué se trataba, Lucas vio la bolsa y exclamó: ‘¡Esa es la bolsa de Peter!’.
  ‘Peter, ¿cuál Peter?’, preguntó la vecina.


  ‘El niño que salió de esa casa’, dijo Lucas señalándola.


  ‘Ahí no hay ningún Peter, la casa está desocupada, quienes la han rentado apenas si pasan un tiempo y se van. Dicen que en ella espantan. Hace muchos años había un matrimonio y tenía un hijo de nombre Peter, pero un día en que el padre salía a trabajar, echó hacia atrás su camioneta y arrolló a su hijo que estaba jugando y lo mató. Fue una desgracia. El matrimonio ya no quiso vivir ahí y se fue’, les relató la vecina.
 ‘No es posible que se trate del mismo Peter, si me dio la mano y me dijo gracias’, aseguró Lucas…


  ‘Con el paso de los años, -dice Ambrosio- Lucas ya no fue el mismo. Permaneció alejado porque le daba pena que vieran cómo su brazo derecho se le iba ‘secando’; luego, ‘eso’ le fue recorriendo otras partes de su cuerpo y ningún médico pudo curarlo. Vivió 26 años en su cuarto, sin permitir que nadie lo viera y luego falleció. Los pocos que nos permitieron verlo en su ataúd, vimos que su cuerpo parecía como de ‘papel maché’. Aquello fue horrible’.


  Quienes saben de esto, dicen que los espíritus de las personas que ni siquiera pensaban en su muerte y ésta les llegó de improviso, vagan por el infinito deseando participar en algo que ellos ya no tienen: la vida. Esta es otro de los Cuentos y Leyendas que ustedes, queridos lectores nos relatan.
   

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