LO INSOLITO Y SORPRENDENTE - Créalo o no así fue...

Pst!, Pst!... ¿Quiere comprar la torre Eiffel?

A manera de broma, se dice que cada minuto nace un tonto, pero por cada tonto parece existir un tramposo y embaucador, sin embargo pocos han sido tan “buenos” en el arte de engañar como el personaje de nuestra historia de hoy...: Siendo aún muy joven, Víctor Lusting abandonó su hogar en Austria y se lanzó a conquistar el mundo.

Vivió a finales del siglo XIX, en París y fue un hombre que dio muchos dolores de cabeza a la policía de dos continentes. Una vez que abandonó el hogar paterno, Lusting “trabajó” como carterista, ladronzuelo y estafador. Odiaba el trabajo honrado y descubrió su capacidad de engañar a la gente y obtener de ella lo que quisiera. Era la “belle epoque” en París se daban cita los más encumbrados personajes de la sociedad mundial, o sea gente de amplio poder y de carteras repletas de dinero. Lusting era tan astuto que fomentó la cultura, estudió varios idiomas y decidió dejar de ser un pobre ladronzuelo para dedicarse a estafar a los millonarios y poderosos que deambulaban por las calles parisinas.

TAHUR PROFESIONAL

Se asoció con un tahúr profesional llamado Henry Dixon, al que convenció para que le enseñara todos los secretos del oficio. Al poco  tiempo Lusting “desplumaba” decenas de incautos que venían a París para jugarse su dinero en juegos de azar. La Guerra Mundial se desató y Lusting y Dixon se dedicaron a viajar en trasatlánticos para arrebatarles sus fortunas a los millonarios con las cartas. Así, en 1925 emigró a Nueva York, donde se estableció por algunos años.

Dotado de un gran carisma, pronto se convirtió en un experto en el arte de embaucar a la gente con su personalidad y su labia, convencía a todo mundo al grado de que cuando era apresado, sus mismas víctimas engañadas luchaban por todos los medios para que lo dejaran libre. Así pudo “trabajar” impunemente durante varios años. Todos sus “negocios” eran exitosos Lo importante para él era que la gente se iba muy contenta por haber realizado “estupendos negocios”. Entre las hazañas de Lusting, en América está el haber vendido a quince personas “las pistolas auténticas de Buffalo Bill”, y a decenas de mujeres les vendió “el barro regenerativo de la piel extraído de una región de Sudamérica, donde todas las mujeres eran tan hermosas que rivalizaban con el sol”.

Un día Lusting se presentó impecablemente vestido con traje de seda al American Saving Bank y les ofreció a los funcionarios 25,000 dólares por una granja que ellos trataban de vender pero no encontraban con un comprador. El trato se cerró con el pago de bonos falsos. Todavía tuvo el descaro de pedir 25,000 dólares en efectivo “para echar a andar la granja”. Cuando el banco se percató de la falsedad de los bonos, Lusting lo demandó por otros mil dólares “por haberlo engañado al venderle una granja que no servía para nada”. El caso es que Lusting ganó el juicio y poco tiempo después, el banco quebró.

Vendo barata la Torre Eiffel!

Pero aquello era peligroso para Lusting así que regresó a Francia donde estafó con apuestas de caballos de carreras y vendió los objetos más disímbolos (hasta la supuesta pila de agua donde Poncio Pilatos se lavó las manos)... pero sin duda, su más grande estafa fue vender la torre Eiffel... y no una, sino dos veces!! Para esto publicó una nota en los periódicos que decía que el gobierno francés estaba considerando seriamente la posibilidad de demoler la torre Eiffel, debido a la altísima inversión que representaba su reparación y mantenimiento. El conde (en ese tiempo Víctor ya se hacía llamar “conde”) logró falsificar toda una serie de papeles membretados y sellados por el gobierno francés y algunas credenciales que lo acreditaban como subdirector general de la oficina gubernamental bajo cuya jurisdicción tenía a cargo la famosa torre.

Mandó papelería a los cinco hombres que se dedicaban a la compra-venta de fierro viejo. Se reunió con ellos en el salón de convenciones de un lujosísimo hotel. Les dijo que en nombre del presidente de Francia tenía que vender la torre como fierro viejo, ya que era inútil y estorbosa.  Los comerciantes, entusiasmados por 7,000 toneladas de acero que se les ofrecía a “muy buen precio”, aceptaron el trato. Llevó a los cinco hombres en limusinas hasta donde estaba la torre Eiffel e hizo gala de su don de convencimiento, ya que les explicó la calidad y peso de cada una de las vigas, los soportes, en fin. Al final les dijo que esperaba proposiciones y que se vendería a cualquiera de los cinco que le ofreciera más dinero. Un hombre llamado Sballo fue quien le entregó una abultadísima cartera como gratificación y un cheque por una estratosférica cantidad que hasta la fecha se mantiene en secreto. De inmediato Lusting cobró el cheque y huyó a Austria.... Cuando el rico industrial se dio cuenta de que le habían tomado el pelo, no pudo hacer nada, ya que de presentar su queja a las autoridades lo tomarían como un estúpido y sería el hazmerreír de todo Francia, Europa y Estados Unidos.

¡Y la volvió a vender!!

Por asombroso que parezca, tiempo después regresó a París, contactó con otro de los posibles compradores y también le vendió la torre. Pudo haber seguido vendiendo la torre, pero pronto le cayeron en la movida del fraude de unas joyas y fue a parar con sus huesos en la cárcel. Luego fue reclamado por las autoridades de Estados Unidos, donde fue juzgado y sentenciado a la cárcel de por vida, siendo recluido en la prisión de Alcatraz, donde al cabo de unos años murió ahí. Y Créalo o No, Así Fue... la vida de el hombre considerado como el estafador más hábil y astuto de todos los tiempos!

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