Tercera edad

Pasión sin fin

Por: Sandra Rodríguez // Agencia Reforma

  Las vivencias amorosas no tienen por qué acabarse con la llegada de la tercera edad. Así lo considera la escritora, terapeuta sexual y psicoterapeuta Rinna Riesenfeld. En su experiencia, es frecuente que gente de distintas edades, y no sólo la más joven, reporte seguir teniendo actividad sexual. “A las personas que quieran retomar o continuar con este aspecto tan importante, les digo que lo disfruten muchísimo. Buscar placer es señal de vida. “Recientemente vi la cinta “Beginners” (Así se siente el amor). Del papá del protagonista, no se me hizo tan relevante que fuera gay, sino que, a sus setenta y tantos años y tras enviudar, estuviera buscando el amor, buscando pareja. Esa parte de la película me fascinó”, comenta la experta.

  Caso comprobado:  A nivel internacional, desde hace tiempo se han realizado estudios que dan a entender que la sexualidad se puede desarrollar sin importar el paso de los años. La Universidad de Gothenburg, reportó que un 58 por ciento de hombres de 70 años en Gotemburgo afirmó entre 1976 y 1977 que estaba sexualmente satisfecho, mientras que 71 por ciento dijo lo mismo entre 2000 y 2001.Entre mujeres, en el primer periodo, 41 por ciento declaró sentir satisfacción. En el lapso más reciente, 62 por ciento lo indicó. Nils Beckman, al frente del estudio, afirmó que es normal tener pensamientos sexuales a esa edad y que los profesionales de la salud lo deben tomar en cuenta.

  En 2007, cifras publicadas en el New England Journal of Medicine mostraron resultados de una encuesta entre 3 mil personas estadounidenses.
El 73 por ciento de la gente de 57 a 64 años aseguró tener relaciones sexuales. Lo mismo señalaron el 53 por ciento de aquellos entre 65 y 74 y el 26 por ciento de los participantes de 75 a 85.
Un estudio más se llevó a cabo en Australia en 2010. Los resultados se detallaron en el “Annals of Internal Medicine”. Se vio que alrededor de un tercio de los hombres entre 75 y 95 años se mantienen sexualmente activos, y, de ellos, 43 por ciento quisiera coito con más frecuencia.

  Emoción y relajación: Riesenfeld no atribuye la vida sexual activa de las personas de más de 50 años a fármacos contra la disfunción eréctil. “Muchas veces, la gente encuentra una nueva pareja, ya sea por viudez o principalmente por divorcio. Entonces, se da mayor emoción, más entusiasmo. Alguien nuevo puede ser hasta mejor que el Viagra”, considera.

    La experta precisa que la relajación y la tranquilidad pueden ser la clave para una relación satisfactoria. “Yo abordo la sexualidad desde el lado de la psicoterapia; no doy medicamentos. Hay gente a quien le han ayudado, pero creo que a veces pueden desatar dependencia psicológica.

 “Muchos problemas de erección no tienen causa física, sino que son por angustia relacionada con el desempeño, la duración o el pene en sí. Ven la vida sexual como un examen. La unión, el placer y la compañía dejan de ser lo importante, y eso es un error”, indica.

  La terapeuta opina que al pensar en sexualidad no hay que enfocarse únicamente en los genitales, sino considerar que es una experiencia más abarcadora.  “No sabemos relajarnos, pero es necesario hacerlo. Además, se deben resolver los problemas de pareja. A veces, simplemente con eso, desaparecen problemas sexuales”, concluye.

  Micro: Por precaución. La terapeuta sexual y psicoterapeuta Rinna Riesenfeld comenta que las personas con problemas de salud, como algunas condiciones cardiacas, deben consultar a su médico de cabecera si planean retomar su vida sexual.

Esto es de especial importancia si se tiene pensado tomar medicamentos contra disfunción eréctil, pues producen vasodilatación y podrían interactuar de manera inapropiada con otras medicinas.
 

Mande su cerebro al gimnasio: aprenda un nuevo idioma

¿Quién dice que solo los jóvenes pueden aprender un idioma extranjero?

Por: Carol Wheeler // AARP

  Mi esposo había muerto hacía poco. Mientras me recuperaba de la pérdida, me di cuenta de que ya no me alcanzaría el dinero para vivir en la ciudad de New York, al menos no para vivir como yo deseaba hacerlo, y no me entusiasmaba la idea de mudarme a un pueblo pequeño, donde debería sobrevivir con mi Seguro Social y algún otro pequeño ingreso que tuviera.

  Para alguien en mi situación, México parecía tenerlo todo como país: estaba lo suficientemente cerca como para que me visitara mi familia y para volver cuando yo quisiera. Podría fácilmente regresar para tratarme médicamente, algo muy importante, ya que Medicare no brinda cobertura en el extranjero. Quedaba al sur de nuestra frontera, por lo que se acabarían los inviernos fríos. Había observado, en visitas anteriores, que era un país grande y hermoso, lleno de gente amigable. Y, lo que era crucial para mí, estaría en la envidiable posición de vivir con dólares en una economía de pesos.

  Elegí establecerme en una pequeña ciudad, en el área de montañas, llamada San Miguel de Allende, donde había ido en mi primera luna de miel, 40 años antes. Mi marido de ese entonces no había tomado ni una sola clase de español en su vida, pero parecía entenderse perfectamente con los lugareños. Además del clima perfecto y la belleza del lugar, comprobé que, actualmente, San Miguel tiene una considerable comunidad “gringa”, por lo que no tendría que recitar el español con total fluidez inmediatamente.

  Cómo se beneficia el cerebro: Nunca he sido una de esas personas que toman clases de idiomas como entretenimiento. Como dijo un amigo psicólogo luego de asistir a un seminario de neurología: “Aprender un idioma es como mandar su cerebro al gimnasio”.

  Aunque difícil de creer en esos días en que nos olvidamos hasta del nombre de nuestro mejor amigo, nuestro cerebro se está desarrollando permanentemente, y si lo sometemos a tareas difíciles, seremos recompensados. En efecto, un segundo idioma desarrolla nuevas vías nerviosas en el cerebro, crea nuevas conexiones y agrega flexibilidad, y, por supuesto, un proyecto de este tipo tiene efectos enriquecedores similares en nuestro mundo.

 Más noticias buenas: muchos expertos creen que aprender un segundo idioma no es más difícil cuando se está entrado en años que cuando se era un niño. “Los niños parecen aprender sin esfuerzo, pero es porque están todo el tiempo dedicados a ello”, dice el médico Barry Gordon, PhD, profesor de neurología terapéutica. Sin embargo, agrega, “la gente que ya superó la infancia tiene dificultades para lograr reproducir los sonidos correctos a la hora de pronunciar”. Les aseguro que sabe de qué habla. He expresado oraciones perfectas en español, despacio y cuidadosamente, y me he encontrado con sorprendidas miradas de incomprensión.

  ¿Cuál es el mejor método? Rita Wohlfarth, comenzó a aprender español por si sola hace algunos años, principalmente porque su hermano lo estaba haciendo. “Era una cuestión competitiva”, admite. Su hermano estaba usando las cintas de idiomas extranjeros Pimsleur, por lo que ella también las usó. Le gustaba mucho el método, aun cuando no venía con ningún texto. “Repiten y repiten, y usted escucha una y otra vez; hasta me guié con los viejos libros de gramática de la secundaria de mi hijo”. Luego, tuvo la suerte de tropezar con la serie de videos “Destinos”, una telenovela en español para enseñar el idioma a través de la dramatización.

  Ella, como tanta otra gente, tiene fe en un método de bajo nivel tecnológico: las fichas. Y no sólo para vocabulario. “Escribía frases en ellas y las apoyaba en el lavatorio mientras me cepillaba los dientes, o en el mesón de la cocina mientras picaba cebollas”. Así, lejos de utilizar sólo cintas, inventó su propio programa para aprender idiomas.

   Es estimulante, cuando me levanto por la mañana, salir al mundo y tener una conversación real, a veces con risas (no sólo de mi parte), en un idioma en el que nunca había hablado una palabra hasta hace un año.

Cinco verdades sobre el luto

Muchas de las creencias sobre cómo se sobrevive a la pérdida del cónyuge son falsas, según investigaciones

 Por: Ruth Davis Konigsberg // AARP

   Perder el compañero o compañera de la vida es una experiencia devastadora que muchos tendremos que afrontar. Un 40% de las mujeres y un 13% de los hombres mayores de 65 años son viudos, según las últimas cifras del censo.
 Hasta hace poco, existían muy pocas investigaciones sólidas sobre cómo seguimos viviendo cuando muere un ser querido. Pero en la última década, los científicos sociales han conseguido el acceso sin precedentes de grandes grupos de viudas y viudos, y han descubierto cinco verdades sorprendentes sobre el luto.

  Oscilamos. Hace años que venimos oyendo que la aflicción por la pérdida de un ser querido pasa por cinco etapas: negación, ira, negociación, depresión y aceptación. Si fuéramos a diagramar esas etapas, la trayectoria emocional se asemejaría a una enorme W, con dos puntos bajos que representan la ira y la depresión y el punto final, elevado, que representa la aceptación. Pero cuando la psicóloga Toni Bisconti de la University of Akron pidió a mujeres recién enviudadas que llenaran un cuestionario cada día durante tres meses, se observaron inmensas fluctuaciones de un día a otro. Una viuda pudiera sentirse ansiosa y deprimida un día, y alegre y animada al día siguiente. En otras palabras, no superamos la pérdida en etapas, sino que oscilamos rápidamente.  Con el tiempo, esas fluctuaciones disminuyen en frecuencia e intensidad hasta que alcanzamos cierto nivel de ajuste emocional.

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  El dolor no es para siempre. Uno de los descubrimientos más importantes de los últimos años es que para la mayoría de nosotros, el duelo es una aflicción intensa pero de duración limitada, no un estado permanente. En un estudio de hombres y mujeres mayores que habían perdido al cónyuge, George A. Bonanno, psicólogo clínico de Teachers College, Columbia University, halló que los síntomas centrales del duelo —ansiedad, depresión, shock, pensamientos insistentes— habían desaparecido seis meses después del fallecimiento para el 50% de los encuestados. A grupos más pequeños les tomó hasta 18 meses o tres años reanudar el funcionamiento normal. La pérdida es para siempre, pero el duelo agudo no.

   Perder al cónyuge es más difícil para los hombres. Durante años, los clínicos vienen actuando bajo la suposición de que en las mujeres la pena de perder al cónyuge es más intensa que en los hombres, y que dura más. En el 2001, los psicólogos Wolfgang y Margaret Stroebe (un equipo de esposo y esposa) examinaron todas las investigaciones realizadas hasta el momento y llegaron a la sorprendente conclusión de que —tomando en cuenta que la tasa de depresión es más alta entre las mujeres en general— los hombres sufren más cuando pierden a su pareja. Quizás muchos tengamos la impresión de que las viudas se desesperan más, pero eso es porque hay muchas más viudas que observar.

  No se necesita forzosamente terapia de duelo. A menudo, amigos y familiares bien intencionados exhortarán al viudo o la viuda a que asista a un grupo de apoyo o que vea a un consejero especializado. Aunque esas medidas pueden hacerlo sentirse mejor, no son imprescindibles para la recuperación. Según una encuesta realizada en el 2008, el dolor de la pérdida se alivia solo. No obstante, la terapia y la orientación profesional les puede resultar útiles a las personas cuya pena ha durado mucho y que probablemente sufren de un trastorno llamado “duelo complicado”.

  El humor puede sanar. En el 2008, el psicólogo Dale Lund de California State University encuestó a 292 hombres y mujeres mayores de 50 años que habían enviudado recientemente, y descubrió que el 75% decía haber hallado humor y risa en su vida cotidiana, y a niveles mucho más altos de lo que esperaban. Otras investigaciones muestran que la capacidad de evocar memorias felices del difunto es un factor en la recuperación. Los que podían sonreír al describir su relación con el cónyuge seis meses después del fallecimiento estaban más felices y sanos 14 meses más tarde que los que sólo podían hablar de él o ella con tristeza, temor o ira. Difícil como parezca, intente concentrarse en los buenos recuerdos y sentimientos que tiene de su relación, ya que las emociones positivas pueden proteger la psiquis y ayudarlo a lograr la serenidad.
 

El relacionarse, disminuye el riesgo de sufrir demencia senil

  Los especialistas recomiendan, al igual que la familia, que cuando llegamos a una edad tenemos que buscar la manera de relacionarnos con personas de nuestra edad para mantenernos con la mente entretenida y ocupada.

  Se han realizado numerosos estudios sobre este tema y se llegó a la conclusión que así es. Investigadores de la Escuela de Salud Pública de Harvard utilizaron información reunida. Hallaron que las personas con niveles de interacción más altos con la familia, amigos y otros tenían más posibilidades de mantener las funciones cognitivas con el paso del tiempo.

  Esta conexión resultó particularmente destacada entre quienes están más expuestos a sufrir demencia, aquellos con menos de 12 años de educación y quienes tenían trastornos vasculares (hipertensión, diabetes o apoplejía). Y dado que las interacciones sociales fueron medidas antes de que el declinamiento cognitivo se hiciera notar, puede considerarse que la relación causa-efecto en este caso es evidente.

  La demencia senil es un proceso propio de la ancianidad que se manifiesta por encima de los 70 años y que implica una pérdida global e irreversible de las funciones psíquicas y de las propiedades intelectuales superiores. Se trata de un proceso diferente del envejecimiento normal, en el cual la declinación de la vitalidad es evidente, pero sin pérdida de las funciones de la actividad psíquica.

 Otro estudio que hizo el hospital Kaiser Permanente Southern California, puso la mira sobre el efecto que tuvieron las redes sociales sobre 2,200 mujeres. Estas participantes, que tenían no menos de 78 años, no mostraban ningún síntoma de demencia cuando comenzó el estudio.

  Estas mujeres fueron seguidas a través de entrevistas durante los siguientes cuatro años. Los autores del trabajo encontraron que las mujeres con las redes de relación social más amplias tuvieron menos probabilidades de desarrollar demencia que aquellas que estaban más aisladas. Este hecho, según se comprobó, ocurría aún dejando de lado otras condiciones, tales como la edad, la educación, la depresión y otros problemas de salud.

  Además, cuando la gente está más integrada dentro de una red social y se siente apoyada en sus relaciones, experimenta menos estrés, lo que evita disparar hormonas que pueden interferir con el funcionamiento cerebral. Una vida social rica también es más estimulante emocional e intelectualmente, lo que ejercita al cerebro y promueve mejores conexiones neuronales y mayor crecimiento de las células nerviosas.

  Los resultados apoyan la teoría de que las redes sociales son una gran ayuda para mantener la salud intelectual en edades avanzadas de la vida.

  Por lo tanto, hasta que pueda avanzarse en el tratamiento farmacológico de la demencia, y aún después, los programas que apunten a mantener a los adultos mayores socialmente activos pueden brindar muy buenos resultados. Tal es el caso de los talleres para la memoria que se realizan en algunos centros de jubilados, donde además de realizarse ejercicios para fortalecer las aptitudes intelectuales, se establecen vínculos con personas de la misma etapa vital.

  Busque en su área un centro de jubilados, seguramente ahí conocerá gente nueva, con quien pueda compartir conversaciones, viajes, hasta pasar días de excursiones. No se quede en su casa dejando que la vida le pase.

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