Un momento para reflexionar

Baja la Velocidad!!!

   No deberíamos esperar el día en que las personas más importantes en nuestras vidas se vayan de nuestro lado sin poder demostrarles lo mucho que significan para nosotros, como fue el caso de la historia que a continuación les narramos.

 Un par de jóvenes, hombre y mujer iban de paseo por las calles en una moto:

  La chica dice: Vamos muy rápido por favor baja la velocidad!!

 El chico le pregunta: ¿Qué? ¿Tienes miedo?

-- ¡Sí, y mucho! ... ¡Por favor baja la velocidad!

- ¡Ok, la voy a bajar pero si me dices que me amas!

-¡Te amo!, exclama la chica, pero baja la velocidad ¡YA!

  El chico le contesta, Claro, pero si me das un abrazo ¡Fuerte! ¡Muy fuerte! ¡Tan fuerte como jamás lo hayas hecho!

  La chica asustada se lo dio y le volvió a suplicar, ¡Baja la velocidad, Ya!

 Para calmarla el chico le dice, Sí, mi vida; pero si me quitas el casco y te lo pones ¡tú!

  La chica ya desesperada y con mucho miedo le quita el casco y se lo pone ella, y le vuelve a decir: “¡¡¡Baja la velocidad !!!

  Al día siguiente, en las noticias de la mañana sale un reportaje; que en las calles de la ciudad; en esa noche hubo un accidente en donde dos adolescentes viajaban en una moto, y uno de ellos había muerto trágicamente, no sin antes haber dicho: Sólo quería que ella se salvara.

   El chico se había dado cuenta mucho antes de que ella pidiera que bajara la velocidad, que la moto se había quedado sin frenos...y le pidió que le dijera que lo amaba y que lo abrazara ya que él sabía que ésta sería la última vez que lo haría...y que se pusiera el casco para salvarla aún a costa de su propia vida.

Hojas de mi Árbol

  Existen personas en nuestras vidas que nos hacen felices por la simple casualidad de haberse cruzado en nuestro camino.

  Algunas recorren el camino a nuestro lado, viendo muchas lunas pasar, más otras apenas vemos entre un paso y otro.

   A todas las llamamos amigos y hay muchas clases de ellos.

  Tal vez cada hoja de un árbol caracteriza uno de nuestros amigos. El primero que nace del brote es nuestro amigo papá, y nuestra amiga mamá, que nos muestran lo que es la vida.

   Después vienen los amigos hermanos, con quienes dividimos nuestro espacio para que puedan florecer como nosotros.

   Pasamos a conocer a toda la familia de hojas a quienes respetamos y deseamos el bien.

   Más el destino nos presenta a otros amigos, los cuales no sabíamos que irían a cruzarse en nuestro camino. A muchos de ellos los denominamos amigos del alma, de corazón.

  Son sinceros, son verdaderos. Saben cuando no estamos bien, saben lo que nos hace feliz.  Y a veces uno de esos amigos del alma estalla en nuestro corazón y entonces es llamado un amigo enamorado. Ese da brillo a nuestros ojos, música a nuestros labios, saltos a nuestros pies.

   Mas también hay de aquellos amigos por un tiempo, tal vez unas vacaciones o unos días o unas horas. Ellos acostumbran a colocar muchas sonrisas en nuestro rostro, durante el tiempo que estamos cerca.

   Hablando de cerca, no podemos olvidar a amigos distantes, aquellos que están en la punta de las ramas y que cuando el viento sopla siempre aparecen entre una hoja y otra.

  El tiempo pasa, el verano se va, el otoño se aproxima y perdemos algunas de nuestras hojas, algunas nacen en otro verano y otras permanecen por muchas estaciones.

 Pero lo que nos deja más felices es que las que cayeron continúan cerca, alimentando nuestra raíz con alegría. Son recuerdos de momentos maravillosos de cuando se cruzaron en nuestro camino.

  Te deseo hoja de mi árbol, paz, amor, salud, suerte y prosperidad... Hoy y siempre!

  Simplemente porque cada persona que pasa en nuestra vida es única. Siempre deja un poco de sí y se lleva un poco de nosotros. Así como habrá los que nos dejarán o se llevarán mucho, pero también habrá otros que no se llevaran nada de nosotros.

  Esta es la mayor responsabilidad de nuestra vida y la prueba evidente de que dos almas no se encuentran por casualidad.
--- Jorge Luis Borges

¡Haría Cualquier Cosa!

 Jack era un joven que tenía parálisis cerebral. Era cuadrapléjico y empleaba el restringido movimiento que tenía en una mano para empujar la palanca que movía su silla de ruedas eléctrica. A menudo asistía a mis conferencias y participaba en grupos de discusión.

  Yo tenía dificultades para entender lo que decía, pero en su lenguaje, él compartía sus preocupaciones y frustraciones conmigo, ¡Era valiente para ser tan vulnerable!
 Un día, después de clase, Jack se me acercó y dijo que quería trabajar. En ese momento yo estaba entrenando a adultos gravemente discapacitados para trabajar en puestos dentro y fuera del campus de la universidad.

Le pregunté:
- ¿Dónde?
- Con usted, en la cafetería -me respondió.
 Asombrada, pensé en las destrezas necesarias para limpiar mesas, barrer, pasar el trapo, ordenar provisiones, etc. ¿Cómo podría una persona cuadripléjica intervenir en ese tipo de programa de formación?

 No pude responderle. Tenía la mente en blanco.
- ¿Qué te gustaría hacer, Jack?- le pregunté, casi sólo por salir del paso.
Su respuesta fue firme:
- ¡Haría cualquier cosa! -me dijo con una sonrisa.
¡Oh, cómo me gustó su ánimo y su voluntad y cuánto admiré su convicción!

  Acordamos encontrarnos en la cafetería a las diez de la mañana siguiente... A las diez y un minuto del día siguiente, Jack estaba listo para empezar a trabajar. Su entusiasmo hacía que su forma de hablar fuera todavía más difícil de entender. En mi esfuerzo por encontrar una manera de que Jack participara de manera significativa, me enfrenté con un obstáculo tras otro. Su silla de ruedas impedía que se acercara demasiado a las mesas.

  Era incapaz de usar las manos salvo para apretar el botón que movía su silla. Intenté algunas adaptaciones sin éxito. Al ver mi frustración, un auxiliar de buen corazón se ofreció para ayudar. En media hora había encontrado una solución. Acortó el mango de un cepillo para que cupiera cómodamente bajo el brazo de Jack y pudiera ser manipulado con una mano.

  El cepillo se colocó de tal manera que pudiera alcanzar la tabla de las mesas. Con la otra mano, Jack impulsaba su silla, limpiando la superficie de las mesas mientras se movía. ¡Jack estaba en el cielo! Se sentía orgullosísimo de ser un participante activo y no sólo un observador. Cuando lo miraba, advertía que podía sacar las sillas de su camino usando su silla de ruedas.

  Se creó un nuevo trabajo para Jack: apartar las sillas de las mesas que estaban diseñadas para sillas de ruedas y alinearlas contra la pared, fuera del camino. Jack cumplía ese trabajo con gusto y orgullo. ¡Su autoestima rebasaba! ¡Por fin se sentía capaz y digno!... Pero unos días después Jack se me acercó cubierto de lágrimas.

  Cuando le pregunté qué pasaba, me explicó que la gente no lo dejaba hacer su trabajo. Al principio no entendí lo que quería decir, luego lo observé tratando de mover las sillas. Le costaba tanto esfuerzo, que los alumnos bienintencionados pensaban que estaba luchando para sacar las sillas de su camino y las movían para dejarle el campo libre.

 Él trataba de explicar, pero nadie se tomaba el tiempo de escucharlo. El problema se resolvió cuando hice estas tarjetas para que Jack llevara sobre su bandeja. Las tarjetas decían:
 “¡Hola! Mi nombre es Jack. Trabajo en la cafetería. Mi tarea es limpiar mesas y mover ciertas sillas hacia la pared. Si quieren ayudarme, POR FAVOR regálenme una gran sonrisa y díganme qué buen trabajo estoy haciendo”

  Jack desplegaba y compartía estas tarjetas orgullosamente. Los estudiantes empezaron a tomar a Jack y su trabajo en serio. Ese semestre experimentó la autoestima que se siente cuando uno percibe que es reconocido y apoyado.

  Su voluntad siempre será una inspiración para mí y mis alumnos, cuando se trata de superar los obstáculos de la vida y ser lo mejor que podemos con los talentos que Dios nos dio. Dios nos dio a cada uno un talento especial, es hora de usarlo!...  Y tú, ¿ya estás usando tu o tus talentos?   
                                     --- Joyce Colligan

El Ingenio de una Hormiga

  Hace un tiempo me puse a observar detenidamente el ir y venir de las hormigas, y confieso que quedé asombrado al verlas trabajar con tanto orden y empeño.

  Aunque fue una hormiga en particular la que atrajo mi atención, Era negra y de tamaño mediano, la hormiga llevaba como carga una pajita que era seis veces más larga que ella misma.

 Después de avanzar casi un metro con semejante carga, llegó a una especie de grieta, estrecha pero profunda, formada entre dos grandes piedras.

  Trató de cruzar de una manera y de otra, pero todo su esfuerzo fue en vano. Hasta que por fin la hormiguita hizo lo insólito.

  Con mucha habilidad apoyó los extremos de la pajita en un borde y otro de la grieta, y así se construyó su propio puente, sobre el cual pudo atravesar aquel abismo.

 Al llegar al otro lado, tomó nuevamente su carga y siguió su esforzado viaje sin inconvenientes.

  Aquella hormiguita supo convertir inteligentemente su carga en un puente, y así pudo continuar tranquilamente su camino.

 Tras meditarlo un poco, puede aprender dos cosas muy importantes de aquel animalito. Uno es que de no haber traído consigo esa carga, que era muy pesada para ella, no hubiera podido avanzar en su camino y Dos, que la supervivencia muchas veces es más importante que cualquier concepto aprendido, como por ejemplo el ‘‘es imposible o no se puede’’.

 Y es que, cuántas veces los seremos humanos nos quejamos de lo pesado que son los problemas, las cargas y las pruebas que debemos soportar a lo largo de nuestras vidas.

  Pero sin pensar, que mas adelante en el camino de la vida, esas mismas cargas eventualmente pueden convertirse en puentes y peldaños que nos pueden ayudar a seguir avanzando y porqué no, hasta triunfar.

  Recuerda que no conseguirás nada quejándote o angustiándote... al éxito se llega actuando y sudando!

 Robert Satter

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