Turismo e historia

Maryland

  Maryland fue una de las originales colonias, tiene una grande variedad de maravillas naturales. Ha sido llamado “América en miniatura”, porque en sus 10,460 millas cuadradas encierra casi todos  los tipos de terrenos que hay en la nación, nomás no tiene desiertos, pero sí tiene mucha agua; con casi 50 ríos y arroyos más la bahía de Chesapeake, tiene 4,400 millas de costas y riberas que aparte de ser hermosos paisajes son una delicia para los amantes de la pesca.

 En su no tan grande territorio cuenta con 17 parques nacionales que fueron visitados por cerca de siete millones de personas en el 2012 y hasta el 2007 contaba con 45 parque estatales de variada belleza.

   El Appalachian National Scenic Trail, que empieza en Georgia y termina en Maine, (casi 2200 millas, 3500 Kms), atravieza las 40 millas de Maryland.
 El estado tiene diferentes ecosistemas y refugios para la vida salvaje, muchos a lo largo y ancho de la Bahía Chesapeake.

    Maryland tiene la desembocadura más grande de Estados Unidos, abundan los cipreses y tiene un pantano subártico, entre otras muchas maravillas naturales. En todas las épocas del año los paisajes son fabulosos, sin faltar el gran colorido de los bosques en otoño

"El Chacal" pago sus crímenes... al morir tasajeado

Tras mandar asesinar a Fco I. Madero, se autonombró presidente de México y su conducta bestial costó más de un millón de muertos y destrucción del país; tal vez por eso, el Gral. Victoriano Huerta, alias...

  Victoriano Huerta era un indio huichol, de familia muy pobre. A los 12 años el presidente Juárez lo becó debido a su clara inteligencia. Más tarde, el general Donato Guerra lo recomendó para que ingresara al Colegio Militar, donde se convirtió en el alumno más distinguido en matemáticas y astronomía y se le llegó a considerar como el mejor matemático mexicano. Habría ascendido pronto en el ejército, pero se hizo alcohólico desenfrenado, insubordinándose varias veces, por lo que fue suspendido y para poder subsistir dio clases de matemáticas.

  Perdonado, en 1894 fue ascendido a coronel. En la campaña contra los mayas, en 1903, actuó con gran crueldad. En 1910 mandó ahorcar a decenas de campesinos inocentes de Morelos y Guerrero, con el pretexto de que eran zapatistas. En 1912, el presidente Madero lo ascendió a general de división. En 1913, cuando los generales Reyes y Félix Díaz se rebelaron contra el gobierno, Huerta se presentó ante Madero exclamando: "!Señor presidente, le juro por la Santísima Virgen de Guadalupe que siempre le seré Leal!"... Dado que Huerta siempre decía ser muy católico, el ingenuo Madero le creyó y lo nombró comandante militar.

   La Gran Traición a Madero
  El pérfido Huerta inmediatamente avisó a los alzados que estaba de su lado y luego se entrevistó con el embajador de Estados Unidos en México, Henry Lane Wilson, para que a nombre de la Unión Americana, exigiera a Madero que renunciara; mas éste rechazó la violación a la soberanía de México, por lo que Huerta, traicionando al presidente, lo hizo su prisionero y luego ordenó que asesinaran al presidente Madero y al vicepresidente Pino Suárez. Con la complicidad de Wilson, se autonombró presidente de la República. El senador y doctor Belisario Domínguez trató de decir un discurso condenando a Huerta como un asesino, pero el presidente del senado, comprado por el dictador, lo impidió; sin embargo Belisario Domínguez no cejó en su empeño y mandó imprimir su discurso haciéndolo circular. El Chacal, rabioso por lo que había hecho Belisario, mandó que lo apresaran. Luego Huerta llamó a su compadre, otro indio, pero de Xochimilco, el doctor Aureliano Urrutia, a quien ordenó que diese un castigo ejemplar al disidente; por lo que, bajo la mirada de Urrutia, lo ataron a  una mesa de cirugía; teniendo un bisturí en la mano, dijo: "Lo siento, colega, pero usted habló demasiado", y a continuación le cercenó la lengua. Después lo volteó boca abajo para que la sangre cayera en una cubeta, y lo dejó morir desangrado. Este acontecimiento fue la gota que derramó el vaso y por lo que se inició la Revolución dirigida contra el chacal. En el norte se levantó Carranza, secundado por Villa y Obregón; en el sur, Emiliano Zapata.  Tras años de sangrienta lucha, las tropas de Huerta fueron derrotadas, por lo que éste huyó a España, donde los agentes alemanes le ofrecieron dinero y armas para que recobrara el poder, a condición de que ya al mando del país, le declarara la guerra a Estados Unidos. El chacal aceptó y, siguiendo órdenes, se trasladó a Nueva York para recibir su dinero. En esa ciudad, él y Pascual Orozco, un hombre que se había alzado contra Madero, se unieron. Bien forrados de dólares, partieron hacia la frontera de México. Los agentes americanos los detuvieron en El Paso, Texas, confiscándoles los dólares. Orozco  pudo huir, pero Huerta fue al hospital de la prisión, porque estaba enfermo. Más tarde su abogado consiguió que saliera libre bajo fianza, teniendo la ciudad como cárcel. Huerta fue a una casita alquilada, donde lo atendieron su esposa y su hija Elena, quien poseía una bellísima voz, pero a quien Huerta le hizo jurar que sólo cantaría para él, jamás en público.

  Llevaba varios días enfermo; voluntariamente "un doctor español" se ofreció a examinarlo, diciendo que era gran admirador suyo, el 'doctor' exclamó ¡que tenía que operarlo de inmediato o moriría! La esposa se opuso, pero el chacal accedió, sin saber que él mismo se entregaba en manos de su verdugo. Estando a solas, aquel "médico español", sin siquiera anestesiarlo, le enterró en el vientre, varias veces, el filoso bisturí. Fue tan intenso el dolor que sufrió y tanta pérdida de sangre que, Huerta perdió el sentido, mientras "el doctor español" escapaba. Elena, al ver a su padre lleno de sangre, con el vientre tasajeado como si fuera un cerdo en una carnicería, cayó al suelo desmayada en tanto la señora corría por un médico. Tres días estuvo agonizando el chacal, siendo visitado por cientos de morbosos que querían conocer al criminal. Finalmente, después de oír cantar a su hija, Huerta murmuró palabras en huichol, volvió la cabeza hacia el sur, hacia México y quedó tieso. Las autoridades estadounidenses, para no verse implicadas, declararon que por borracho había muerto de cirrosis hepática. Fue hasta años después cuando se supo la verdad, al averiguarse que el "doctor español" era un mexicano, cuyo padre había muerto después de ser torturado por órdenes de Huerta y, al tener una oportunidad de vengarse, le dio su justo merecido. ¡El tirano que mandó torturar a tantos, falleció sufriendo los terribles dolores que habían padecido sus víctimas!... Se había hecho justicia y El Chacal, pagó sus crímenes al morir tasajeado!!!

La inquisición en La Nueva España Primer auto de fe

  Corría el año 1574. La ciudad de México se encontraba a la expectativa de un grande y nuevo acontecimiento: un auto de fe, el primero que celebraría en México. Un auto de fe era el castigo público de los penitenciados por el Santo Tribunal de la Inquisición.   Ya antes había habido autos de fe desde  tiempos de Fray Juan de Zumárraga y por lo menos a un señor de Texcoco lo habían quemado por practicar sacrificios humanos, pero no habían sido actos públicos ni habían tenido pompa y solemnidad como la que se anunciaba para este acto.


   El 12 de febrero se juntaron a cabildo los regidores de la ciudad para disponer que se construyera un tablado para las señoras, los señores e invitados que vendrían de ciudades vecinas a presenciar el acto.


  El santo oficio tenía lista la cárcel llena de judíos, luteranos, brujas, hechiceros, bígamos y demás herejes enemigos de la religión y las buenas costumbres. Y también, al igual que el cabildo, habían ordenado construir un tablado con 15 días de anticipación.
 Los ruidos de la construcción alertaban la ciudad y  todo se alistaba para el 28 de febrero en que el auto de fe se celebraría en la plaza del marqués del Valle y frente a la iglesia mayor.


  Un día antes, en el patio del Santo Oficio se instruyó a los presos sobre la forma en que deberían de marchar al tribunal y se les dotó de sambenitos amarillos pintados con cruces encarnadas adelante y atrás y no los dejaron ni dormir con tantos preparativos. En la mañana les dieron tazas de vino tinto y rebanadas de pan frito en miel y luego comenzaron a salir de la cárcel rumbo a la plaza. Separados, todos con soga al cuello, con sus respectivos sambenitos y sosteniendo una vela verde apagada. Dos españoles custodiaban por los lados a cada preso. Oficiales del santo oficio, montados a caballo, abrían paso entre la multitud de curiosos para que pasara la procesión de presos, llegaron al tablado, subieron por dos escaleras y ocuparon sus asientos en el orden en que iban a ser sentenciados. Por otras dos escaleras subieron el virrey don Martín Enríquez de Almanza, la Audiencia y los inquisidores  don Pedro Moya Contreras y don Alfonso Fernández de Bonilla, luego unos trescientos frailes dominicos, franciscanos y agustinos.  La multitud esperaba impaciente las sentencias. El secretario, Pedro de los Ríos, restableció el silencio y empezó el sermón, predicado por Antonio Morales de Medina, Caballero de la orden de Santiago y obispo de Tlaxcala. No están de acuerdo los autores en el número de presos unos dicen que eran 63 y otros dicen que fueron 80. Entre los presos había una hechicera que había hecho venir a su marido desde Guatemala en el espacio de dos días, tiempo que no era suficiente para recorrer dos mil leguas, le preguntaron que por qué lo había hecho y dijo que para gozar la hermosura de su rostro y su boca, siendo que era bien feo el viejo.


  Uno de los presos, Mr. Miles Philips, recuerda: “tres quemados, sesenta o sesenta y uno azotados y condenados a las galeras y siete a servir en los conventos. Acercándose la noche llamaron a Jorge Rively, Pedro Momfrie y Cornelio el irlandés y los condenaron a ser reducidos a cenizas y los mandaron al lugar de la ejecución en la misma plaza del mercado, cerca del tablado y rápido fueron quemados y consumidos. A los demás sentenciados que éramos sesenta y ocho nos llevaron de nuevo a la cárcel”.
  Duró el acto desde las seis de la mañana a las cinco de la tarde.


  Al día siguiente el pueblo presenció una escena que era el digno remate de la ceremonia del día anterior.  Muy de mañana sesenta reos condenados a azotes y galeras, esperaban en uno de los patios del Santo Tribunal la ejecución de las sentencias. Los caballos que los habían de conducir estaban ya en el mismo patio.


 El mismo Mr. Miles Philips recuerda que... Habiéndolos obligado a montar desnudos de medio cuerpo arriba, los sacaron para servir de espectáculo al pueblo por todas las principales calles de la ciudad; y unos hombres destinados al efecto les aplicaron con unos largos látigos, sobre los cuerpos desnudos y con la mayor crueldad, el número de azotes señalado. Delante de los sentenciados iban dos pregoneros gritando: “Mirad estos perros ingleses, luteranos, enemigos de Dios”; y por todo el camino alguno de los mismos inquisidores  y de los familiares de aquella malvada cofradía gritaban a los verdugos: “Duro, duro, a esos ingleses herejes, luteranos, enemigos de Dios”. Dado este horrible espectáculo en torno de la ciudad, los volvieron a la casa de la inquisición, con las espaldas chorreando sangre y llenas de verdugones, los apearon de los caballos y los metieron de nuevo en la cárcel, donde permanecieron hasta que fueron enviados a España a las galeras para cumplir el resto de su condena”. 
 
Adaptado de “México viejo y anecdótico”
                                        de Luis González Obregón

Belisario Domínguez PALENCIA

Hoy como ayer....   

Nació Belisario Domínguez Palencia en Comitán, Chiapas, el 25 de abril de 1863 y murió asesinado en la Ciudad de México el 7 de octubre de 1913. Fue un médico y político mexicano. De familia acomodada y liberal. Su abuelo había sido vicegobernador de Chiapas.

  Terminó la primaria en su pueblo natal y fue enviado a San Cristóbal de las Casas para estudios superiores; su título de Médico Cirujano y Partero lo obtuvo en la Universidad Soborna de París en 1889. Regresó luego a México e instaló su consultorio en Comitán, donde se distinguió por su labor altruista.

Fue presidente municipal de Comitán y en 1912 lo propusieron de candidato para senador; él prefirió postularse para senador suplente de su amigo Leopoldo Gout, pero al morir éste, poco después de la muerte de Francisco I. Madero, Belisario tomó su puesto en el Senado y fue enemigo jurado del usurpador Victoriano Huerta. Su intervención en el Senado fue definitiva para evitar que Huerta aceptara el arribo de navíos estadounidenses a Veracruz, pues serían el principio de otra intervención. Sus discursos eran directos y era de los pocos que se atrevían a hablar abiertamente contra el dictador.

   Ya vamos para cien años del discurso que le costó la vida a Belisario Domínguez. No le fue permitido leer ese discurso ante el Congreso, ni el 23 ni el 29 de Septiembre de 1913,  pero lo imprimió y lo hizo llegar a todos los senadores. Vino a caer a manos del presidente Huerta, quien de inmediato ordenó que Belisario Domínguez fuera apresado, conducido al panteón de Coyoacán y asesinado, era el 7 de octubre de 1913...

 Le cortaron la lengua y se la llevaron de trofeo a Victoriano Huerta; sin embargo, el sacrificio de Belisario Domínguez aceleró la caída del tirano Huerta.

   En su memoria, desde 1954,  cada año el 7 de octubre, el Senado de México entrega la Medalla Belisario Domínguez, instituida para premiar a hombres y mujeres que se hayan distinguido por su ciencia o virtud en grado eminente, como servidores del país o de la humanidad.

  Pero, por ser símbolo de la libertad de prensa, poco se habla de este héroe mexicano, por más que el pueblo lo ha honrado poniendo su nombre a calles y escuelas y colocando bustos y estatuas en lugares públicos por todo el país. 

  A continuación transcribimos un fragmento del discurso que nunca pudo pronunciar Belisario Domínguez en el Senado, pero que, aún sin pronunciarlo, le costó la vida y fue causa de que le cortaran la lengua:

  “Señores, senadores: todos vosotros habéis leído con profundo interés el informe presentado por don Victoriano Huerta, ante el Congreso de la Unión el día 16 del presente (Sept. del 1913) Indudablemente, señores senadores, que lo mismo que a mí, os ha llenado de indignación el cúmulo de falsedades que encierra el documento. ¿A quién pretende engañar, señores? ¿Al Congreso de la Unión? No, señores, se pretende engañar a la Nación Mexicana, a esa noble patria, que confiando en vuestra honradez ha puesto en vuestras manos sus más caros intereses… ¿Qué debe hacer en este caso la representación nacional? Corresponder a la confianza con que la patria la ha honrado, decirle la verdad y no dejarla caer en el abismo que se abre a sus pies.

La verdad es esta: durante el gobierno de Victoriano Huerta no solamente no se ha hecho nada en bien de la pacificación del país, sino que la situación actual de la república es infinitamente peor que antes. La revolución se ha extendido en casi todos los estados; muchas naciones antes buenas amigas de México se rehúsan a reconocer a su gobierno por ilegal; nuestra moneda encuéntrase depreciada en el extranjero; nuestro crédito en agonía, la prensa entera de la República amordazada o cobardemente vendida al gobierno y ocultando sistemáticamente la verdad;  nuestros campos abandonados; muchos pueblos arrasados y, por último el hambre en todas sus formas amenaza extenderse rápidamente en toda la superficie de nuestra infortunada  patria… ¿A qué se debe tan triste situación?... Cumpla con su deber la representación nacional y la patria estará salvada y volverá a florecer más erguida y hermosa que nunca. La representación nacional debe deponer de la presidencia de la república a Victoriano Huerta, por ser él contra quien protestamos todos con mucha razón. Me diréis señores que la tentativa es peligrosa, porque Victoriano Huerta es un soldado sangriento y feroz que asesina sin vacilación a todo aquel que le sirve de obstáculo. No importa, señores, la patria lo exige y debéis cumplir con vuestro deber. El mundo está pendiente de nosotros, señores miembros del Congreso Nacional Mexicano y la patria espera que la honréis ante el mundo evitando la vergüenza de tener por primer mandatario a un traidor asesino.

 Firma,
Doctor Belisario Domínguez
Senador del Estado de Chiapas.


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