Tópìcos familiares

Cómo transmitir valores a nuestros hijos

Los valores son las reglas de conducta y actitudes según las cuales nos comportarnos, por lo tanto deben estar presentes en la educación de los niños, sobre todo a través del ejemplo de los padres, por eso es importante saber transmitírselos

 

  Desde siempre los estándares de comportamiento que se establecen en cada familia no solo son los que prevalecen, sino que son los condicionantes más fuertes para la conducta y la vida futura de los hijos. La crianza y educación de ellos es una de las tareas más importantes que cualquier persona pueda realizar. Y aunque haya libros, cursos y mucha información al respecto, la mayoría de nosotros aprendemos cómo ser padres con la experiencia y afrontando los problemas del día a día, pero sobre todo mirándonos en el espejo de nuestros padres, aunque esto no necesariamente les sucede a todos.

  Sin embargo, la vida de la actualidad ha cambiado respecto a generaciones anteriores. Hoy el uso excesivo del alcohol, drogas y otros vicios afecta a nuestros niños, familias y comunidades y nos somete a grandes presiones. Francamente, muchos de nosotros necesitamos ayuda para ocuparnos de esta amenaza espantosa a nuestra salud y principalmente a la de nuestros niños. 

  Como padres, debemos comenzar en nuestras propias familias manteniendo lazos fuertes, siendo cariñosos con nuestros niños, enseñando reglas de comportamiento, fijando y haciendo cumplir las reglas para el comportamiento, sabiendo y hablando con los chicos acerca de los efectos del alcohol, drogas, relaciones sexuales a temprana edad, pero también es importantísimo escuchar lo que ''ellos'' tengan que decir.

Valores de la Enseñanza 

  Cada familia tiene expectativas sobre el comportamiento que determinan los principios y los estándares, agregándole los “valores”. Los niños que deciden no utilizar el alcohol u otras drogas toman a menudo esta decisión porque tienen convicciones fuertes contra el uso de estas sustancias, convicciones que se basan en un sistema de valores. Basándose en la familia, y los valores religiosos y/o éticos que ayudan a la gente joven a decir no y ayudándolos a apegarse a sus decisiones. 

Cómo inculcar valores éticos 

  Comunique los valores abiertamente. Hable de por qué los valores tales como honradez, independencia, y responsabilidad, son importantes, y de cómo los niños con la ayuda de esos valores, toman buenas decisiones. 

  Reconozca cómo sus acciones afectan el desarrollo de los valores de su niño. Muchas veces, los niños copian el comportamiento de sus padres. Los niños de padres que fuman, por ejemplo, tienen mayor probabilidad de ser fumadores. Evalúe su propio uso del tabaco, del alcohol, de las medicinas sin prescripción, e incluso de las drogas. 

   Considere que sus actitudes y acciones pueden formar la opinión de su hijo. Esto no significa, sin embargo, que si usted tiene el hábito de tomar vino con la cena o una cerveza o un cóctel ocasional, que usted deba dejar de hacerlo. Los niños pueden entender y validar que hay diferencias entre lo que los adultos pueden hacer legalmente y lo que puede ser apropiado y legal para los niños. No deje a sus hijos acompañarlo en su actividad de beber mezclando un cóctel para usted o trayéndole una cerveza, y no permita que su niño tenga acceso a su bebida. 

  Considere los conflictos que puedan implicar sus palabras y sus acciones. Recuerde que los niños son rápidos para detectar cuando los padres envían señales a través de sus actos. Decirle a su hijo que diga que usted no está en el país atendiendo una llamada telefónica es, en efecto, una enseñanza negativa en cuanto a la formación de los valores. 

  Cerciórese de que su niño entienda los valores de la familia. Los padres asumen, a veces equivocadamente, que los niños tienen valores “absorbidos”, cuando en realidad pueden estar confusos si nunca fueron discutidos. Usted puede probar la comprensión de su niño discutiendo algunas situaciones comunes en ocasión de la cena por ejemplo. Pregúntele qué haría si ve que a una persona enfrente suyo, se le cae una moneda, por ejemplo.  

  Todo depende en los valores que usted como padre de familia le transmita a su hijo, tenga en cuenta que esto le quedará por toda la vida.

¡Cuide la espalda de su hijo!... escogiendo la mochila adecuada

Hoy padres de familia corren a las tiendas para comprar lo necesario a sus hijos para el regreso a clases. La mochila es uno de los artículos más importantes, por eso deben prestar atención para evitar posible futuros problemas de salud a los niños

  La gran mayoría de niños ya estará de regreso a clases, acompañados de lo que será su indispensable artículo escolar:  la mochila. Si bien, al principio éstas no constituirán una inconveniencia, una vez que se llene con libros y otros utensilios didácticos, se convertirá en una carga molesta y peligrosa para la salud del menor. 

 Las mochilas (backpack) son uno de los accesorios más importante para el regreso a clases de sus hijos. Sin embargo, demasiados niños la usan de forma impropia, exponiéndose al riesgo de diferentes lesiones, sobre todo de la espalda.

 La espalda y los músculos abdominales son unas de las zonas más fuertes del cuerpo, y cuando la mochila se coloca correctamente, se pueden llevar con seguridad cantidades razonables de peso. La mayoría de los expertos coinciden en que no se debe llevar más del 10 al 15% del peso corporal en la mochila. O sea, que un niño o niña de 60 libras no debe llevar más de 6 a 9 libras en ésta.

 Las mochilas se fabrican para llevarse en la espalda. Sin embargo, muchos estudiantes suelen usarla de manera incorrecta: se la colocan en un solo hombro, lo cual provoca la presión de una cantidad desproporcionada de peso sobre una parte del cuerpo. Esto causa que el niño se encorve o camine de forma diferente para acomodar el peso. Si esto continúa por varios años, con el tiempo, esta postura incorrecta y el peso general de la mochila pueden dar como resultado tensiones en el cuello, hombros y espalda.

          Selección de la mochila apropiada

  Hay numerosos estilos y tamaños de mochilas o (backpack, como es conocida por los muchachos) disponibles, lo cual posibilita que se encuentre la más cómoda posible. La Academia Americana de Pediatría hace las siguientes recomendaciones a la hora de comprar la mochila:

• Seleccione una mochila ligera que no incorpore más peso a la carga del niño. Algunos materiales son más pesados que otros.

• Busque las correas amplias y acolchadas. Las correas demasiado estrechas pueden ejercer presión sobre los hombros.

• Seleccione una mochila acolchada, lo cual no sólo proporciona comodidad, sino que también protege a su hijo contra cualquier arañazo o herida provocada por objetos cortantes o punzantes (lápices, reglas, cuadernos, etc.) dentro de la mochila.

• Muchas mochilas actuales llevan correa para la cintura, la cual contribuye a distribuir uniformemente la carga en el cuerpo.

• Aunque las mochilas con ruedas evitan el peso sobre la espalda, son difíciles de controlar con frecuencia, y especialmente pesadas para subir escaleras. Además, muchas escuelas las prohíben por considerarlas como un artículo riesgoso.

  Otros consejos para mejorar la seguridad de la mochila

 La selección de la mochila adecuada es sólo parte de la ecuación. Hay otras medidas que también se deben tomar para mejorar la seguridad en el uso de la misma.

• Pídale a los niños que usen ambas correas para los hombros. La colocación de la mochila sobre un solo hombro puede afectar los músculos. El uso de la mochila en un solo hombro puede incrementar la desviación de la columna vertebral.

• Ajuste las correas para que la mochila esté cerca del cuerpo del niño. Las correas deben sostener la mochila dos pulgadas por encima de la cintura.

• Pídale a sus muchachos que, si es posible, guarden los libros que no necesiten llevarse a casa diariamente en el armario asignado a cada uno, para así, aligerar la carga.

• La mochila debe cargarse y colocarse sobre la espalda flexionando ambas rodillas. Además, el niño nunca debe doblarse por la cintura al ponerse o levantar una mochila pesada... Aunque esta última recomendación no la toman muy en cuenta los jovencitos, trate usted, de que lo hagan de esa forma, ya que esto les será de mucha utilidad para que en el futuro cuando necesiten levantar algo pesado (cualquier cosa), no se lastimarán la espalda.

  Si bien, hoy en día existen mochilas con colores y formas llamativas que resultan irresistibles para muchos niños, es nuestro deber como padres, adquirirles las que mejor se adapten a su cuerpo y que no causen daños al mismo en un futuro!!

Cómo transmitir valores a nuestros hijos

Los valores son las reglas de conducta y actitudes según las cuales nos comportarnos, por lo tanto deben estar presentes en la educación de los niños, sobre todo a través del ejemplo de los padres, por eso debemos saber cómo transmitírselos

  Hoy en día los estándares del comportamiento que establecemos en nuestras familias son los condicionantes más fuertes para la conducta y la vida futura de nuestros hijos. La crianza y educación de ellos es una de las tareas más importantes que cualquier persona pueda realizar. La mayoría de nosotros aprendemos cómo ser padres con la experiencia y mirándonos en el espejo de nuestros padres, pero esto no sucede con todos.

 Hoy el uso excesivo del alcohol y otras drogas afecta a nuestros niños, familias y comunidades y nos somete a grandes presiones. Francamente, muchos de nosotros necesitamos ayuda para ocuparnos de esta amenaza espantosa a nuestra salud y principalmente a la de nuestros niños. 

  Como padres, tenemos que comenzar en nuestras propias familias manteniendo lazos fuertes, siendo cariñosos con nuestros niños, enseñando reglas de comportamiento, fijando y haciendo cumplir las reglas para el comportamiento, sabiendo sobre los efectos del alcohol y otras drogas, y escuchando a nuestros niños. 

Valores de la Enseñanza 

  Cada familia tiene expectativas sobre el comportamiento que determinan los principios y los estándares, agregándole los “valores”. Los niños que deciden no utilizar el alcohol u otras drogas toman a menudo esta decisión porque tienen convicciones fuertes contra el uso de estas sustancias, convicciones que se basan en un sistema de valores. Basándose en la familia, y los valores religiosos y/o éticos que ayudan a la gente joven a decir no y ayudándolos a apegarse a sus decisiones. 

Cómo inculcar valores éticos 

 Comunique los valores abiertamente. Hable de por qué los valores tales como honradez, independencia, y responsabilidad, son importantes, y de cómo los niños con la ayuda de esos valores, toman buenas decisiones. 

  Reconozca cómo sus acciones afectan el desarrollo de los valores de su niño. Muchas veces, los niños copian el comportamiento de sus padres. Los niños de padres que fuman, por ejemplo, tienen mayor probabilidad de ser fumadores. Evalúe su propio uso del tabaco, del alcohol, de las medicinas sin prescripción, e incluso de las drogas. 

  Considere que sus actitudes y acciones pueden formar la opinión de su hijo. Esto no significa, sin embargo, que si usted tiene el hábito de tomar vino con la cena o una cerveza o un cóctel ocasional, que usted deba dejar de hacerlo. Los niños pueden entender y validar que hay diferencias entre lo que los adultos pueden hacer legalmente y que puede ser apropiado y legal para los niños. No deje a sus hijos acompañarlo en su actividad de beber mezclando un cóctel para usted o trayéndole una cerveza, y no permita que su niño tenga acceso a su bebida. 

  Considere los conflictos que puedan implicar sus palabras y sus acciones. Recuerde que los niños son rápidos para detectar cuando los padres envían señales a través de sus actos. Decirle a su hijo que diga que usted no está en el país atendiendo una llamada telefónica es, en efecto, una enseñanza negativa en cuanto a la formación de los valores. 

  Cerciórese de que su niño entienda los valores de la familia. Los padres asumen, a veces equivocadamente, que los niños tienen valores “absorbidos”, cuando en realidad pueden estar confusos si nunca fueron discutidos. Usted puede probar la comprensión de su niño discutiendo algunas situaciones comunes en ocasión de la cena por ejemplo. Pregúntele qué haría si ve que a una persona enfrente suyo, se le cae una moneda, por ejemplo.  

 

  Todo depende en los valores que usted como padre de familia le transmita a su hijo, tenga en cuenta que esto le quedará por toda la vida.

Padre o Madre ausente... ¿Se pueden suplantar?

"Tengo que hacerla de padre y madre a la vez"... Esta frase resulta ser la predilecta de los padres que solos cargan con la responsabilidad de los hijos; sin embargo en ocasiones es casi imposible llevarla a cabo

  Cada vez son más las familias con un solo padre, se esfuerzan día con día para funcionar en su doble papel y sacar adelante a sus hijos. Conoce lo que debes evitar si te hallas ante el difícil reto de cuidar y educar a tu hijo en solitario. Si ya de por sí ésta es una tarea ardua y complicada para cualquier pareja, doblemente difícil lo será si lo haces sin el apoyo moral y/o económico de tu pareja y peor aún si eres padre.

  Por diversos avatares de la vida, hay niños que viven con uno sólo de sus progenitores. Da igual que sean hijos de madres solteras, huérfanos de padre o madre o el fruto de un matrimonio roto, todos ellos verán condicionada su educación por la ausencia de uno de sus procreadores. Muy a menudo oímos decir a estas personas, encargadas y responsables a su vez de la crianza y educación de sus hijos: “tengo que hacerla de madre y padre a la vez”, sin tener idea o sin saber el error en el que incurren al decir, o mejor dicho, al llevar a cabo tal sentencia. 

   Esas palabras corresponden a lo que los psicólogos denominan hacer de rol supletorio, lo cual por supuesto que no es recomendable en absoluto; porque además esto de pretender ser padre y madre a la vez resulta prácticamente imposible, puesto que cada miembro de la pareja juega un papel diferente en la educación del niño, por consiguiente, sólo en ciertas ocasiones muy contadas, el progenitor encargado del cuidado del menor podrá desempeñar aquellos papeles que tradicionalmente se han asignado al sexo contrario. 

  Es imposible suplantar a la madre o al padre ausente, aunque lógicamente éste sí puede ser sustituido, pero insistimos: nunca suplantado. Por ejemplo, si tras un divorcio, la madre (que suele ser la persona que posee la custodia de los hijos) inicia una nueva relación sentimental, lógicamente esta nueva persona que entra a formar parte de la familia, sustituirá la figura del padre, pero jamás podrá suplantarlo, tanto si este último sigue manteniendo o no relación con sus hijos. Lo mismo cabe decirse ante una viudez o ante aquellos casos en que tíos o abuelos quedan al cuidado del niño. 

 La cuestión es que nunca se debe actuar como si fuésemos la otra persona, pues además de que estamos actuando, de que en realidad no somos nosotras mismas, actuamos en detrimento de nuestro propio rol.

 Conclusión: siempre debemos actuar como somos realmente y nunca como si fuésemos otra persona, de lo contrario corremos el peligro de perder, más que de ganar. 

  Otros problemas surgen en el caso de las madres solteras. 

  En estos hogares suele manifestarse una afectividad excesivamente intensa y posesiva. La madre suele volcar todo su amor, su atención y sus energías en el cuidado de su hijo, lo que a largo plazo provoca una clara dependencia del niño respecto a la madre, mostrándose los signos más evidentes al entrar en la adolescencia. 

   En estos casos, lo mejor que puede hacer la madre para evitar que esto llegue a ocurrir, es procurar que el niño desde bien pequeño se relacione habitualmente con otras personas, especialmente con niños de su edad, bien en la guardería, en el parque, con vecinos o parientes, etc., la cuestión es que en la vida del niño existan otras personas, otros elementos enriquecedores, de lo contrario, esa interdependencia que une a madre e hijo podría llegar a ser perjudicial para el desarrollo psicológico de ambos. 

  En cualquier caso, el hecho de que un niño viva con uno solo de sus progenitores no tiene por qué causar ninguna carencia en su educación ni en su vida personal o social, siempre y cuando el educador encargado de la custodia del niño, no pretenda ser padre y madre a la vez, sino ser él (ella) mismo, ya sea el uno o el otro, y además se debe tener muy en cuenta lo que ya señalamos en párrafos anteriores: Un padre o madre ausente, simplemente no se puede suplantar...!

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