Tópìcos familiares

Guardería... ¿buena o mala para mis hijos?

La guardería o escuela infantil es una opción para los padres que no pueden quedarse al cuidado de los hijos, aunque el debate se inicie siempre en este tema porque no sabemos si ésta suele ser la mejor opción para el niño

Por: Katheleen Doheny // Health Day

  Dejar a nuestro hijo por primera vez en la guardería supone un trauma para la mayoría de las madres y más si se trata del primero, por ello nos preguntamos: ¿Es bueno llevar a mi niño a la guardería?, ¿No será demasiado pequeño? ¿Cómo le afectará estar entre extraños tantas horas?

  Mientras más tiempo un niño pase en el centro de cuidado diurno (Day Care) durante los primeros cuatro y medio años de su vida, es más probable que presente ciertos problemas de comportamiento cuando llegue a kindergarten.  Ésa es la conclusión de reciente investigación que aparece en la edición de Child Development.

   Pero no existe razón para pánico, indicaron los autores del estudio y otros expertos en el cuidado infantil con la nueva investigación. Los problemas de comportamiento descubiertos no estaban fuera del margen normal. Y, según los expertos, la crianza sensitiva, junto con un programa de alta calidad, puede atemperar los efectos de largas horas en el centro de cuidado diurno.

  La investigación es una actualización del Study of Early Child Care del Insituto Nacional de Cuidado Infantil y Desarrollo Humano. En el estudio, 27 investigadores han estado rastreando más de 1,000 niños en 10 lugares desde el nacimiento hasta sus años escolares.

   Los investigadores encontraron un vínculo entre el número promedio de horas a la semana que un niño pasa en el Day Care durante los primeros cuatro y medio años de su vida, y cómo sus madres, proveedores de cuidado diurno y maestros de kindergarten clasificaron su comportamiento cuando entraron a la escuela.

  A mayor número de horas, eran más notorios problemas de comportamiento, tales como ser desobedientes y agresivos.

  Pero no hubo una tendencia que los investigadores pudieran decir que un número específico de horas fuera deseable, enfatiza Sarah Friedman, coordinadora científica del estudio. En la muestra presentada en el Instituto Nacional de Salud Infantil y Desarrollo Humano 16 % de los niños fueron al centro de cuidado por nueve horas a la semana; 38 %  fueron de 10 a 29 horas; 36% de 30 a 45 horas; y 10 %, más de 45 horas a la semana, indicó Friedman.

    En general, indicó Friedman, fue una minoría de niños – de 12 a 16 % – que tuvo comportamiento que cayó en la clasificación de “en riesgo”. Con esto, los investigadores dicen que el comportamiento está dentro del margen normal.

   Algunos de los problemas de comportamiento pudieran mejorar con sólo prestar más atención al niño una vez esté en casa. Aunque los padres que trabajan fuera, a menudo tienen mucho que hacer cuando llegan a casa, Friedman sugiere involucrar los niños en las tareas caseras cuando tengan suficiente edad para hacerlo. Permitir que los niños ayuden a preparar la comida, ayuden a lavar ropa y realicen otras tareas necesarias, en lugar de sentarlos frente al televisor.

   Los resultados de este estudio sugieren la necesidad de encontrar un centro de cuidado diurno que se ajuste a las necesidades de cada niño.

   “No es momento de pánico porque millones de niños se desempeña bien en sus varios ambientes de cuidado diurno”, indicó Eleanor Maccoby, profesora emérita de psicología del desarrollo en Stanford University. “Los padres simplemente tienen que estar atentos, para asegurarse de que la adaptación particular de su niño está funcionando”, manifestó.

  Por ejemplo, si tu niño desconfía de otros niños o es tímido, Maccoby sugiere encuentres un niño en el Day Care con quien no se sienta amenazado y establece compañeros de juego de manera que el niño se acostumbre a la interacción social.

   Además, mantenerte en contacto con tu proveedor de cuidado diurno y preguntar acerca de cualquier dificultad puede ayudar a reducir los problemas de comportamiento a tiempo, indicó Maccoby.

 Esta investigación también concluye que mejor calidad de cuidado diurno produce menos problemas de comportamiento y que mejor calidad no quiere decir más lujo o comodidades, sino en donde el pequeño se sienta mas a gusto, más confortable y sobre todo que la madre o el padre noten que al pequeño no le desagrada estar o ir a ese lugar... Así que, las guarderías infantiles o Day Care, no tienen por qué ser traumatizantes o dañinas para nuestros pequeños.

Empeñar la palabra; ¿Un valor perdido?

Para evitar que nuestros hijos digan mentiras o cumplan lo que prometen, empecemos por poner el ejemplo

Paloma Villanueva -Agencia Reforma-

 Decir la verdad o empeñar la palabra y cumplir lo prometido son valores que los niños aprenden de lo que ven y no de lo que escuchan de sus padres, señalan psicólogos; por eso cuando se trata de enseñarles a no mentir, el primer consejo es desterrar las mentiras de las acciones cotidianas.

   Martha Alicia Chávez, psicoterapeuta y autora de Tu Hijo, Tu Espejo, explica que un niño puede decir mentiras por miedo a ser castigado, por vergüenza a algo que hizo y que sabe que es considerado inadecuado o por sentir aprobación.

  "Desde pequeñitos ellos aprenden de una manera muy intuitiva, casi visceral, a percibir las reacciones de papá o mamá, no es que lo razonen, más bien aprenden a asociar, aprenden que cuando dicen cierta cosa mamá sonríe, se pone contenta y les da besos; y que cuando dicen otras cosas que no le gustan a mamá entonces hay regaños y gritos", detalla.

   La psicóloga considera de vital importancia confrontar a un niño cuando dice una mentira y determinar un castigo leve para que aprenda a asociar que las mentiras tienen consecuencias.

  "Siempre que cachamos a un niño diciendo mentiras, hay que confrontar la situación, no la dejen pasar por alto, hay que decirle sin gritarle, sin humillarlo, de manera tranquila pero muy firme: 'me estás mintiendo y en nuestra familia no se permiten las mentiras, no vamos a permitir que mientas y por eso te vas a ganar un castigo porque no vamos a tolerar esto'", ejemplifica.

   El castigo puede ser algo tan simple como prohibirle ver televisión o restringirle los videojuegos el resto del día, dice Chávez.

  "Es importante que haya una consecuencia por su falta a la verdad, pero ésta debe ser leve, jamás golpes, encerrarlo o privarlo de la cena", aclara, "el niño debe aprender a asociar y entender que las mentiras le traen consecuencias desagradables".

 José Gerardo Núñez, psicoterapeuta con experiencia en niños, agrega en entrevista la importancia de reconocer al pequeño cuando dice la verdad y mostrarle que con esta conducta puede obtener aprobación de otras personas.

   "Cuando un niño dice la verdad debemos reconocérselo, que sienta que una persona honesta y sincera es aceptada y querida por los demás, que aprenda cómo al decir la verdad incluso podría estar ayudando a otras personas y cómo, por el contrario, al decir una mentira podría perjudicar a otros o a sí mismo", detalla.

   Pero también el psicoterapeuta habla de otro valor social que cada vez es más escaso de ver, se refiere al valor de la palabra dada o empeñada.

    Hasta la década de los 60's y 70's del siglo pasado, cuando un adulto decía 'te doy mi palabra',  'palabra de honor' o algo parecido, la gente sabía que aquella persona cumpliría lo que estaba prometiendo, porque era casi tanto como un documento firmado o un juramento.

    Pero esto con el tiempo se ha ido diluyendo y tanto social como familiarmente, en muchos casos el 'te doy mi palabra', 'te juro que lo haré', o alguna frase parecida en donde 'se empeña la palabra', no se cumple y no pasa nada. Y los niños continuamente perciben cómo los adultos, y particularmente sus papás, no cumplen lo que prometen y no solo a ellos como hijos, sino a muchas personas a quienes les prometen algo, por eso Núñez recomienda no hacer promesas a la ligera y empeñar la palabra sólo cuándo estén seguros de cumplir.

  Chávez coincide en que los valores, como tener palabra, no se enseñan "echando sermones" sino conduciéndose correctamente.

  "Empeñar la palabra es un valor hermosísimo que lo van a aprender de vernos a nosotros, no se los tenemos que enseñar, el niño lo va a aprender en automático si nosotros cumplimos lo que prometemos, pero si no cumplimos, entonces el niño lo que aprende es a desconfiar de la palabra de la gente y como consecuencia será una persona que no tenga palabra cuando sea mayor", concluye.

La Conveniencia Familiar

Los hábitos de vida moderna, el trabajo y los compromisos hacen que muchos padres se vean tan ocupado que en muchas ocasiones se olvidan de algo básico y esencial...

  Las comidas en familia son mucho más que una ocasión para sentarse a la mesa y consumir los alimentos que necesitamos para vivir. Son momentos para comunicarse, compartir y aprender. Son ocasiones que se pueden disfrutar juntos en familia e incluso amigos y pasar un rato ameno  mientras se cuentan qué tal ha ido el día y los planes para el siguiente.

   No obstante, sabemos que con las prisas que se vive es cada vez más difícil sentarte a diario con tu familia a comer o cenar y tener tiempo suficiente para preparar los alimentos, servir, platicar y además lavar trastos y recoger la mesa. Y si a eso le sumamos la mala costumbre que en los últimos años se ha vuelto ''casi una necesidad" de tener el teléfono celular junto al plato y mientras se come, chicos y grandes prácticamente ni ven la comida, sino que se la pasan texteando, mucho menos tienen tiempo o ganas de platicar.

   Esto ocasiona que haya poca y en muchas familias, se diría que hasta nula comunicación entre sus miembros, por eso es recomendable que los padres, al menos dediquen un día a la semana en que se puedan reunir y que este momento se respete siempre como el día dedicado a la familia.

   En caso de que entre semana sea 'materialmente' imposible, entonces sería bueno un fin de semana y, en este caso, si pueden salir a comer pues mejor, ya que es más relajante, porque ninguno de los miembros de familia se ven apurados cocinando o lavando los trastos, sin embargo, a veces ni eso es tan fácil, pues existen quienes trabajan o estudian muy lejos del hogar, en cuyo caso lo único que queda es conformarse con las fechas especiales, esos pocos días de asueto que hay durante el año o festividades especiales como cumpleaños o cosa parecida.

  Pero lo importante es crear la costumbre de comer en familia, siempre que sea posible ya que es el momento propicio para que los hijos, sobre todo cuando son pequeños, aprendan con el ejemplo, qué comer, cómo hacerlo y en qué cantidad. Es así que los niños adquieren y asimilan las reglas básicas del comer, además de que cuando hay visitas aprenden a ser hospitalarios.

   Pero también esos momento de comer en familia, son propicios para enseñar a los hijos no solo acerca de la alimentación y convivencia, sino también de urbanidad.

   De igual manera, es importante tener reglas o disciplina que indique una hora definida para servir la comida, además de otros códigos que fomenten la calidad de la relación y el respeto entre los miembros de la familia.  Gran parte de la educación de una persona se aprende a la hora de la comida, pues es cuando la familia -si se evitan las distracciones, como la televisión o los celulares- puede conversar y comentar sobre la situación de cada uno de sus miembros.

  Pero esta buena costumbre no solo se circunscribe a los miembros de la familia, sino que puede incluso ser practicada con sus amistades o familiares un tanto lejanos ya que pueden intentar establecer un día para comer con sus compañeros de trabajo, novio o amigos, para no dejar pasar este momento tan agradable que puede resultar al sentarse en una misma mesa y platicar de todo y de nada, pero convivir.

  Hay muchas personas que laboran lejos de su familia y no tienen con quién comer o comen cualquier cosa y rápido, y eso no nada más desnutre físicamente sino también espiritualmente.  En estos casos, lo mejor es juntarse con alguien para convivir y compartir los alimentos, pues es una carga de energía que no se puede comparar.

  “Mínimo hay que adherirse o iniciar un grupo primario con quién convivir”.
  La comida es alimento para el cuerpo pero también, a la hora de realizarla, lo es para el espíritu, por eso la convivencia en familia o con amigos es una valiosa tradición que se debe mantener.

  Y a pesar de esa vida ajetreada que llevamos, y que por muchas cosas que tengamos que hacer, con ingenio y creatividad se pueden encontrar maneras de sacar tiempo para compartir en familia o con amigos; el resultado se traduce en beneficios nutritivos y sociales de por vida para toda la familia. Por eso, si no lo está haciendo... Inténtelo y en muchos aspectos notará la diferencia!

La casa es de todos... ¡y todos debemos cooperar!

La sociedad ha evolucionado y hoy, las tareas del hogar han dejado de ser responsabilidad 'únicamente' de las amas de casa, para convertirse en una responsabilidad familiar compartida

   Es bonito poder ocuparse de las labores del hogar: cocinar para tu familia, arreglar las recámaras de tus hijos, lavar su ropa, tener en orden cada parte de la casa, en fin, son miles las tareas que pueden hacerte sentir útil e indispensable para los que te rodean. Sin embargo, a veces resulta demasiada carga para una persona sola, y por eso es que se ve obligada a contratar a alguien, o bien, pedir a los otros integrantes de la familia que colaboren con las tareas del hogar.

  No es fácil hacerlos entrar a la cocina, ponerlos a lavar platos, regar y limpiar el jardín, a limpiar la sala cuando se necesita.  Y si además de ser mamá y esposa tienes otro tipo de responsabilidades, entonces el cuadro se pone mucho peor.

   “Primero la mujer tiene que tener en mente que la casa es de todos y que todos funcionan como un equipo en donde cada uno va a colaborar con algo”, explica la psicóloga Raquel Villafuerte.
 

  “Desde esa perspectiva ella puede dejar de sentir que es la que tiene que hacer todo como si fuera el único miembro del equipo”, agrega.
 

  Cuando los niños son pequeños es bueno explicarles por qué tienen que hacerse cargo de sus cosas, de levantar todo al terminar de jugar, de no ensuciar los lugares que ya han sido limpiados, pues así ellos crecerán con la conciencia de que hay alguien que tiene que hacerse cargo de todo eso.
 

  “De acuerdo con la edad que tengan se les puede ir asignando ciertas responsabilidades, mientras la mamá vigila que se lleven a cabo”, indica la psicóloga.
 

A la hora de supervisar a los pequeños, Villafuerte recomienda que estén cerca de ellos, sobre todo al principio, y así checar que sí estén cumpliendo con las labores y que lo hagan como deben; en caso de que no sea así enseñarles la forma adecuada para hacerlo.
 

“La idea es que la mujer se sienta con el derecho de descansar en su casa, pues no es obligación 'solo de ella' estar haciendo labores en el hogar todo el día, sino que también se sienta atendida, ya sea por el esposo o por los hijos comenta.
 

Es importante hacer al esposo partícipe de las actividades del hogar, pues la casa también es suya y es parte de la educación de sus hijos que él también colabore.

  “Anteriormente, la casa era de la mujer, entonces ella tenía la obligación de estar al pendiente de todo, pero ahora el hombre es parte también, está incorporado a la familia y, por lo tanto, a las actividades del hogar”, señala.

  El hecho de ayudar con la limpieza de la casa parte de contribuir a la armonía familiar, es una forma de convivencia y facilita que la esposa esté más tranquila, más relajada, lo cual es un beneficio para la vida diaria de la familia.

  “Debe de tratarse de inculcar en los hijos estas ideas, para que cuando ellos sean grandes sigan la misma línea de educación para sus hijos; hay que enseñarlos desde muy temprano a tomar su parte en la casa, así de grandes ellos también van apoyar a sus cónyuges”, recomienda Villafuerte.

   La psicóloga asevera que de un tiempo para acá se ha venido dando ese cambio, de manera que hoy ya no existe la separación de actividades y ambos, mujeres y hombres, trabajan de la misma forma para tener limpio y ordenado su hogar.

  “Es importante no imponer actividades a los hijos, sino más bien hacerlas ver como algo que es esencial para el bienestar de todos, pues si impones puedes tener reacciones negativas”, aclara.

  Sobre todo en el caso de los niños, porque el estarles insistiendo en hacer las cosas sin explicarles el porqué, provoca que se fastidien y no hagan nada, como una forma de rebelarse ante la imposición.

   Lo mejor es que entre todos se repartan las actividades y tomen un día a la semana para hacerlas, a la vez que conviven mientras realizan el trabajo, para después recompensar el esfuerzo con una deliciosa cena, una salida al cine o cualquier otra actividad que resulte atractiva para tu familia y para ti.

   Es importante que les demostremos que estamos orgullosos por lo que han hecho, aunque no esté perfecto.

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