La fábula de la semana

La Ovejita Jardinera

 Flori era una ovejita a quien le encantaba la vida vegetal. Particularmente se embelesaba contemplando las flores; de ahí su bonito nombre que Mamá Oveja le había puesto por simple intuición. 

  Cuando Flori creció comenzó a trabajar de jardinera en un parque municipal. Cuidaba los macizos de flores con amor y los visitantes del parque no daban crédito a sus ojos. ¡Cuánta belleza y esplendor!

 El tiempo empeoró y una terrible tormenta de granizo destruyó sus flores por completo. Flori quedó muy triste y desolada. Nunca había sufrido un disgusto semejante. A la tormenta de granizo siguió una lluvia que se prolongó durante días y arruinó toda la región. Flori, como tantos otros animales, se quedó sin empleo. 

-¿En qué puedo trabajar, si lo único que sé hacer es cuidar de las flores y de las plantas?  -Se preguntó Flori, angustiada-. ¡Voy a morirme de hambre! 

 Los pajarillos del parque, al verla tan compungida, alzaron el vuelo y, todos a una, rogaron a las nubes que se marchasen y a la lluvia que cesase en su castigo a la tierra. 

  Estas, conmovidas por la bondad de los pajarillos y de la pobre Flori, accedieron a su petición. El sol asomó de nuevo y Flori pudo volver a trabajar en lo que más amaba. 

Moraleja: El que con sincero amor a otros cuida recompensas, siempre tendrá en la vida!!

El Pumita Llorón

 En la selva vivía un pequeño puma que traía de cabeza tanto a sus  padres como a los profesores, y hasta a sus amigos que ya los tenía fastidiados, pues todo lo que quería lo pedía llorando.

  En clase, si tenía que esforzarse por aprender una lección, montaba un drama de lágrimas y suspiros que por supuesto desconcertaba al profesor y molestaba muchísimo a sus compañeritos. 

 Aunque también mañosamente utilizaba sus lágrimas para chantajear y no hacer nada. Cuando su madre le pedía algún favor, él con llorar y decir: “No sé cómo se hace”, bastaba para librarse del pedido de su madre.

  Como es lógico, nadie le tomaba en serio y nadie creía en sus lágrimas; y hasta en ocasiones pasaba por tonto, cosa que, en realidad, no era para nada.

  Un día se le clavó una púa en la pata y comenzó a llorar a grito limpio, esta vez con razón, pues sentía unos dolores tremendos, pero, claro, nadie le hacía caso, creyendo que era otra de sus comedias, ya acostumbradas por el pumita.

  Como resultado de ello, la herida se le infectó y tuvieron que cortarle desgraciadamente la patita. Entonces, el pequeño puma comprendió, aunque un poco tarde, cuán perjudiciales habían sido para él sus falsas lágrimas y por qué las verdaderas no habían surtido ningún efecto cuando el puma necesitaba ayuda. 

Moraleja: Amiguito: el engaño y la falsedad cierran las puertas a la verdad!!

Vacaciones en Invierno

 Don Chacal era muy rico y tenía una cabaña en la montaña. Sus amigos se contaban por docenas, dado su carácter sociable y desprendido. Entre ellos estaba don Oso, honrado oficinista de profesión y débil económicamente, pero con un gran corazón.

 Cuando ambos amigos llegaron a la cabaña, la montaña estaba totalmente cubierta por un  manto de nieve. 

- ¡Magnífico!-dijo Chacal, muy contento

- ¡Vamos a practicar mi deporte favorito, el  esquí.  

Aunque don Oso no era un experto en este deporte, al menos se defendía con dignidad. Ya tienes a ambos haciendo equilibrios sobre la pista nevada. Sus tablas, ligeras y de buena calidad, se deslizaban con limpieza. 

 Don Oso se caía cada dos por tres, y ello divertía mucho a su amigo: -ja, ja, ja! ¡Mira cómo te has puesto! ¡Si pareces un pingüino!

- Le decía don Chacal .

 El que ríe al último, ríe mejor, porque la siguiente caída perteneció a don Chacal. ¡Qué trastazo tan terrible! El, como experto que era, esquiaba a gran velocidad, desafiando un considerable riesgo.

- ¡Ja,ja,ja!  ¿Conque parecía yo un pingüino, eh?-rió don Oso. Por desgracia, su amigo don Chacal se había partido una pata. 

 Don Oso, muy solícito, se dio prisa en llevarle a su cabaña. Allí encontró el accidentado la asistencia médica que necesitaba. Las pequeñas vacaciones no habían terminado demasiado bien.

Moraleja: Amiguito, si te ríes o burlas de los demás, tarde o temprano las consecuencias pagarás!!

Llegó el Invierno

   Ha llegado el invierno. El bosque, azotado por la ventisca, aparece vestido de blanco. La nieve protege la tierra de las inclemencias del tiempo y todo está desierto. ¡De los animales, ni su luz! Bueno, una simpática liebre asoma la nariz desde su refugio invernal, pues es muy curiosa y desea ver lo que ocurre afuera. 

-¡Uuuuuuh, qué frío!-exclama, tiritando. Sin embargo, no le apetece volver a dormir, de modo que se arregla bien y sale a la intemperie. Va a buscar a su amiga Ardilla, ésta duerme profundamente en su casa y parece molesta ante la presencia de la liebre. 

-¿Por qué me despiertas con el frío que hace?

- le pregunta, un poco fastidiada.

-Me aburría mucho y, como no me dieron ganas de seguir durmiendo, pues...  He venido a verte -contesta su visitante. 

 El caso es que ambas deciden salir a jugar en la nieve. Bien abrigadas, empiezan a tirarse bolsas blancas y hacer muñecos de nieve con pipa, bufanda y sombrero. Otros animales, entre ellos el castor, se dan cuenta de los juegos de la liebre  y de la ardilla y se unen a ellas.

  Al poco rato, el bosque se encuentra plagado de animales que juegan. Parece primavera, pero... ¡ay!, Al día siguiente, medio bosque tiene un tremendo resfriado.

 Algunos animales están con cuarenta de fiebre. ¡Menudo show han montado la liebre y la ardilla!

Moraleja: Amiguito, actúa siempre con moderación y así no sufrirás, por no tener precaución!!

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