La fábula de la semana

El Grillo que no podía cantar

  Amiguito sé que, a veces, te sientes muy triste, y un pequeño contratiempo basta para ello, pero si lees con atención la historia que te vamos a contar, quizás sepas comprender el refrán de: “No hay mal que por bien no venga”.

  En una extensa pradera vivía un grillo muy preocupado. Llevaba mucho tiempo afónico, a causa de un fuerte resfriado, y todos los remedios que le recomendaban habían terminado en fracaso. La tristeza le embargaba, porque le gustaba mucho cantar, y ahora no podía hacerlo, como el resto de sus amigos y vecinos.

-¡Qué desgraciado soy! ¡Mira que no poder cantar como todo el mundo! -se lamentaba nuestro grillo, un día sí y otro también.

  Un primo suyo, enterado del sufrimiento del grillo afónico, lo fue a visitar para darle ánimos.

-Tu afonía no es un problema grave -le dijo, con gesto tranquilizador-.  Mira, yo formo parte de una orquesta, en la que todos somos muy amigos. En este momento nos hace falta un trompetista, y como ahora no puedes cantar pues he pensado en ti. Sé que tocas de maravilla. ¿Qué dices?

-¡Oh, muchas gracias primo! -le contestó el grillo- ¡Siempre me ha gustado tocar la trompeta! ¡Claro que sí, entraré en esa orquesta!

 Desde ese día, aquella orquesta fue la más famosa de toda la pradera y, aunque nuestro amiguito siguió sin poder cantar, fue nombrado el mejor trompetista del campo.

Moraleja:

Amiguito: En la vida todo tiene solución. No te aflijas y sigue adelante con decisión!

La Ardillita Bondadosa

 ¡Ardillina era muy amable y trabajadora! Agradecía con una bella sonrisa el favor más insignificante y siempre tenía una frase alegre y estimulante para el triste o el dolorido.

 Ya se acercaba el invierno y Ardillina, siempre previsora, trabajó mucho para reunir las nueces que le hacían falta para no pasar hambre.
Sobrevivir durante los fríos y largos meses en que la nieve cubre los bosques, es un problema delicado.

  Un día, cuando Ardillina ya había reunido una suficiente cantidad de nueces se dio cuenta de que faltaban algunas de su almacén. Angustiada, salió en busca de posibles pistas.

  No tardó en encontrar un diminuto rastro sobre la arena. Lo siguió con detenimiento hasta toparse con un grupo de hormigas que llevaban a sus espaldas pequeños trozos de nuez. ¡Ellas habían sido!

  Ardillina, comprensiva, les dejó marchar y se volvió a su casa sin decir nada. Por desgracia, el invierno fue más largo de lo normal y, ya en las últimas semanas de su curso, Ardillina observó que empezaba a quedarse sin comida.

  Ese mismo día llegaron a casa de Ardillina numerosas hormigas. Cada una de ellas traía un trocito de nuez. La que parecía ser de mayor rango se adelantó a sus compañeras y dijo:

  -Ardillina, no creas que hemos olvidado tu maravilloso gesto hacia nosotras antes de que el invierno comenzara. Ahora sabemos que te has quedado sin alimento por nuestra culpa. Recibe las nueces que con gusto te traemos, y acepta nuestro inmenso agradecimiento.

Moraleja:
Ser bondadoso y caritativo con los demás premia el alma y nunca de desamparo sufrirás

El Oso Grizzly

 Cuando llegó al pueblo, más de alguno creyó que se trataba de un animal. Sabía articular las palabras de los hombres, aunque eran más las que ignoraba que las que conocía. Su mensaje era claro:

- Aquellos que quieran hermanarse con la naturaleza, deben seguir mi camino.  Cuando llegue la siguiente luna llena, pasaremos una semana sin comer ningún alimento. Así nos prepararemos para el cambio.

  Los hombres, mujeres y niños de la aldea hacían remolinos para verlo de cerca. Su pelo era negro y lo usaba suelto, como que jamás había sido cortado. Sus brazos y piernas recordaban a las de los humanos aunque estaban cubiertas de lodo y era difícil verle la piel. Sus ropas eran jirones de pieles, sin forma ni sentido. Daba la impresión de que jamás había tomado un baño. Nada en su aspecto parecía invitar a la confianza, salvo los ojos café, donde se podía ver el fondo de un alma buena.

 Si la gente desconfiaba al verlo, más lo hacía con su leyenda. El muchacho había nacido a mitad de una excursión que se perdió en el bosque. Nadie sabía qué pasó con los adultos que lo acompañaban, se decía que habían sido atacados por animales salvajes. La historia había servido para asustar niños y prevenir viajeros durante años. En las versiones que se contaban, nadie sobrevivía.

 Pero el recién nacido no fue atacado. Fue acogido en el seno de una manada de lobos. Creció bebiendo leche de la loba. Aprendió a aullar para comunicarse con sus pares. Fue educado para conocer el bosque por sus sonidos. Podía distinguir a una serpiente deslizándose del viento moviendo los pinos.

Sabía las temporadas en las que crece la hierba que cura la panza. Sabía distinguir los frutos dulces de aquellos que eran venenosos. Sabía pertrechar las cuevas para protegerse del frío. Sabía cuidar sus huellas para protegerse del cazador.

 Y a quienes lo escuchaban, quería convencerlos de que vivir fuera del bosque era un error.

- El hombre ha perdido su animalidad. Ya no sabe reconocer su cara cuando el corazón late de angustia. De no tener cerca la aldea, se mueren de miedo y de hambre.

  Pero había muchos que no estaban convencidos de lo que decía el joven. Vivir en la aldea los hacía felices. Era después de todo la única forma de vida que conocían, y les gustaba. Además, no todos estaban de acuerdo con lo que decía el extraño.  Creían ser muy civilizados, pero también estar muy acorde con la naturaleza.

 Fue por eso que alguno le dijo:
- Lo que propones no tiene sentido. Dices que hemos dejado de ser parte del bosque y yo te digo que estás mal. De allí sale la carne que comemos, de allí vienen nuestros frutos y las pieles que forman nuestras ropas. Somos uno con la naturaleza.

 El joven pintó una raya en el piso y advirtió a los presentes:
- Quienes quieran saber lo que de verdad es estar hermanados con el mundo natural, que crucen esta raya. Luego de siete días de ayuno verán recompensado su valor.

 La mayoría en el pueblo se río del salvaje. Pero hubo unos pocos que se quedaron con él. Pasados los siente días, cuando estaban exánimes, casi muertos de hambre, el joven les anunció que era tiempo de marchar.

 Avanzaron paso a paso hacia el bosque profundo, y, conforme lo hacían, más y más cabello les crecía en las manos, en las piernas y las caras. Para cuando el último humano los vio, ya se habían convertido en osos.

 Y fue así como nacieron los primeros osos grizzly, por eso, en lengua de nativos americanos, oso significa: “hombre del bosque”.

La ballenita orgullosa

 Érase una vez una ballenita muy bonita, que cautivaba a todos sus conocidos por la gracia de sus movimientos y el brillo de su pelaje.


  Nadie escatimaba un cumplido hacia ella, de tal modo que la ballenita creyó ser el animal más hermoso de la Creación.
 Se pasaba el día ante el espejo, arreglándose y limpiándose las barbas, sin hacer caso de invitaciones y galanteos de sus admiradores.


 Tanto llegó a crecer su soberbia, que se pasaba el día repitiéndose a sí misma: “Soy la ballenita más hermosa que puebla los mares. Nadie puede competir conmigo en belleza y elegancia”. “Soy la ballenita más hermosa que puebla los mares....-. Así una y otra vez.


   Por supuesto que no quería jugar ni charlar con nadie y cada vez, se creía superior a todos y ello ocasionaba que se distanciara más de sus vecinos y familiares.


 Un día, la hermosa ballenita cayó en la red tendida por unos pescadores. Por más que lo intentó, vio que no podía librarse de ella. Entonces, como una sola persona, todos los habitantes de las cercanías se arrojaron sobre la red hasta destrozarla y permitir la liberación de la ballenita.


 Desde ese momento, la ballenita, muy agradecida por la ayuda que le brindaron los peces, aprendió que por muy hermosa que fuera, en algún momento necesitaría de los demás, por ello aprendió a querer y respetar a todos.


 Y así nuestra amiguita, después de esta gran lección, jamás volvería a despreciar a ninguno de sus conocidos, ni tampoco a los demás habitantes del mar.

Moraleja:
Por muy hermosa(o) que te puedas mirar ¡Nunca a tu prójimo debes despreciar!

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